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miércoles, noviembre 01, 2006

RUMANOS, BÚLGAROS Y UNA EUROPA POCO SERIA

Rumanos y búlgaros hallarán limitaciones a su proclamado derecho a circular libremente por la Unión, al menos durante los dos años siguientes al ingreso de sus países en el club europeo. Mala noticia para la legión de nacionales de los dos estados que, a fecha de hoy, viven como irregulares en territorio comunitario. Sólo en España, se estima que, en ausencia de moratoria, podría producirse la “legalización” automática de cerca de medio millón de rumanos.

Entrecomillo lo de “legalización” porque me desagrada enormemente que se denomine así a la regularización de la residencia de una persona. Todos los seres humanos son “legales”. Es posible, todo lo más, que su situación administrativa sea disconforme con la ley. Soy de los que creen que marchar en busca de mejor fortuna a otros lugares es un derecho humano. Así pues, cualquiera que se encuentre en situación dificultosa por carecer de “papeles” tiene algo de mi simpatía. Otra cosa es que comprenda que las leyes están para ser cumplidas, y que las administraciones han de hacer cuanto esté en su mano porque así sea.

No creo, por otra parte, que la moratoria permita ganar mucho. Un par de años es demasiado poco tiempo para que se nivelen las brutales diferencias de renta que separan a los estados balcánicos de sus futuros socios. Los políticamente correctos dicen que, en su día, también se temió la llegada masiva de españoles, pero soslayan que a la altura de nuestra integración en la comunidad las distancias, siendo notables, poco tenían que ver con las que padecen los ciudadanos de otras latitudes. Los incentivos hoy existentes no van a desaparecer como por ensalmo, de la noche a la mañana.

Por otra parte, y en nuestro caso particular, es seguro que los rumanos –sobre todo, porque búlgaros hay menos, creo- no eligen España porque sí. De entrada, nuestro país es el que más crece de Europa, y por tanto es en el que más probabilidades hay de encontrar trabajo. Pero es que, además, en España se dan dos circunstancias en mucha mayor medida que en otros países comunitarios. La primera de ellas es un gobierno poco serio, dispuesto a hacer demagogia con lo que sea y “lo que sea” incluye un fenómeno tan grave como las migraciones de seres humanos. La segunda es un clima, lamentablemente, muy favorable a las situaciones “grises”. Será más sencillo encontrar aquí, o en Italia, un empresario dispuesto a contratar “sin papeles” que en Alemania.

No me sirve la excusa de “no encuentro españoles” porque no se trata tanto de que no se contraten inmigrantes como de que se haga en condiciones regulares. Si no hay españoles que deseen el trabajo, ofrézcanse los puestos a extranjeros y regularícese su situación. Lo que vivimos no es nuevo. Se inserta en una rancia tradición de economía paralela y subempleo que han existido en España mucho antes de que un extranjero en nuestras calles dejara de llamar la atención.

No discuto tampoco las virtudes o defectos del sistema español de empleo, las cargas de Seguridad Social, etc. Sin duda, son demasiado onerosos, pero, como de costumbre, deben cambiarse, no ignorarse.

Guste o no, buena parte de la inmigración ha ido a engordar nuestra ya notable economía sumergida, que crece tanto o más deprisa que la aflorada. Si pusiéramos nuestra casa algo más en orden, es posible que la presión disminuyera.

Tampoco creo, sinceramente, que la cosa sea como para preocuparse o, al menos, para preocuparse a estas alturas. A juzgar por los números y la experiencia, es más que probable que la gente que estuviera en condiciones de salir de Rumanía y Bulgaria ya haya salido. Es posible, sí, que mucha de la gente que ya está aquí se plantee quedarse, pero no que tengamos ninguna clase de “avalancha”. Nada de eso se produjo, desde luego, con españoles o portugueses –todos los que estaban en condiciones de irse ya se habían ido mucho antes del acceso de los estados ibéricos a la Comunidad- pero tampoco con polacos, húngaros, checos...

Con todo, lo más llamativo del asunto es cómo, una vez más, quedan en ridículo la Europa “rica” y su pretendida seriedad. Una Europa a la deriva desde que decidió abandonar el pragmatismo y la humildad de las realizaciones prácticas del día a día a favor de la grandilocuencia y las palabras vanas de los burócratas.

¿Sirven de algo la ciudadanía de Giscard y la incorporación a los Textos de largas y prolijas declaraciones de derechos redactadas en 23 versiones agilipolladas de 23 lenguas (pseudoinglés, pseudoespañol, pseudofrancés... ya se sabe derechos del niño y la niña, el ciudadano y la ciudadana) cuando falta la única libertad realmente conquistada, que era la libertad de circulación? ¿Qué clase de burla es ésta?

Una burla que arranca de un discurso que, al más puro estilo socialista, ha decidido ignorar la realidad por sistema. Mal camino porque, a la hora de la verdad, la realidad tiene capacidad para imponerse por sí misma. Los nuevos socios del Este tienen muchas razones para preguntarse qué clase de negocio han hecho, sobre todo si no se trata de naciones con complejo galopante de inferioridad, a la española, necesitadas del “aval europeo” para seguir existiendo.

El bochornoso espectáculo de las ampliaciones en curso es solo un aperitivo de lo que nos espera en las futuras negociaciones con Turquía. Negociaciones con freno y marcha atrás que pueden dejar la reputación de la Unión a la altura del betún. El caso es que no cabe la menor duda de que la caterva que se encuentra al frente de nuestras naciones no tendrá empacho alguno en administrar el debate en función de los miedos de sus opiniones públicas –con ánimo, claro, de soslayarlas, que no es lo mismo que respetarlas-. Ése y no otro, el miedo al “fontanero polaco” es el fin de estas moratorias ridículas que, como se dice en rugby, son simples “patadas a seguir”. Desplazar el problema un par de años, para que la gente crea que los políticos “hacen algo” respecto a la inmigración. Poco importa que esos miedos sean racionales o no y, desde luego, menos aún el mensaje que se pueda estar transmitiendo a los ciudadanos de los países de nuevo ingreso.

Es hora de ir planteándose que la “Europa de varias velocidades” quizá no sea, necesariamente, una desdicha, sino la única vía para seguir avanzando. Lo cierto es que, a la francesa o a la socialista (si es que ambas cosas no son sinónimas, en el fondo), no solo es posible que no avancemos, sino que puede ocurrir que el suelo, hasta ahora firme, que pisamos, empiece a tambalearse.

El proyecto europeo es una de las mejores ideas –y de las mejores realizaciones- que ha conocido la historia. Es, además, un proyecto cuya propia vocación exige la ampliación a todo el continente –e, incluso, la exportación parcial de la fórmula a otras latitudes limítrofes-. Pero no es una creación indestructible o que pueda sobrevivir a generaciones y generaciones de políticos del “como sea”.

2 Comments:

  • Muchas ideas. Remito al comentario 4º en este otro foro.

    By Anonymous H., at 11:58 a. m.  

  • No creo que pueda llamarse inmigración a la movilidad de los ciudadanos de la UE que se desplazan o establecen en estados miembros diferentes de su estado de origen. Importa mucho diferenciar ambas cosas, si queremos realmente avanzar en un proyecto europeo que no sea meramente económico.

    Resulta incomprensible, por otra parte, que ante las incorporaciones de nuevos miembros no se haga un esfuerzo mucho mayor, por parte del Consejo Europeo y de los Gobiernos de los estados miembros, para explicar a los ciudadanos de la UE quienes son los que se incorporan, porqué han decidido incorporarse, qué proyectos tienen en relación con la Unión, qué pueden aportar, qué necesitan, cómo viven, trabajan, piensan, se divierten, etc. etc.
    ¿Para qué están los medios de comunicación?. ¿Por qué no se emiten y publican reportajes e información sobre Bulgaria y Rumanía (como sobre todos los demás socios que van incorporándose), se hacen entrevistas a sus ciudadanos más representativos, se les invita a enseñarnos su país, su cultura, sus ciudades y paisajes, se les pide que nos hablen de sus esperanzas, sus miedos, su visión de la UE y del papel que desean jugar en la misma? No niego que algo de ésto sí se ha hecho, pero me parece insuficiente y pobre.

    By Anonymous Antón L., at 11:58 p. m.  

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