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jueves, agosto 10, 2006

ALGUIEN MIENTE, ¿O MIENTEN TODOS?

Un crepuscular Maragall, próxima su salida de escena, decreta, con ocasión de la entrada en vigor del Nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, ni más ni menos que el Estado se ha convertido en residual en el Principado. Bonito colofón para un proceso verdaderamente desastroso. Porque, al anunciar la defunción del poder central en Cataluña, Maragall muestra, a las claras, toda la miseria acumulada en torno al asunto.

De entrada, ocioso es el matiz, claro, pero bien podría haberse referido el casi ex presidente a la Administración Central del Estado, en lugar de al Estado mismo. El Estado, rectamente concebido –la Generalitat es Estado, conviene no soslayarlo- es hoy, en Cataluña, menos residual que nunca. Jamás hubo en aquella tierra, ni en ninguna otra de España, tanto Estado. Quizá los catalanes hayan pasado, en su desdén, por alto este detalle, pero pronto les resultará evidente. En ningún momento, absolutamente en ninguno, fue este un debate sobre el buen gobierno. Maragall, en su delirio y desvergüenza, se refiere al engendro parido al alimón por los Parlamentos catalán y nacional como norma de carácter constitucional. Y formalmente lo es, sin duda. Pero las constituciones son normas que se refieren, en esencia, a cómo se reparten el poder gobernantes y gobernados. Las constituciones, cuando se perfeccionan, aspiran a instituir siempre un mejor gobierno. Son herramientas para abordar, en síntesis, el problema del gobierno. Por lógica, cualquier previo a la reforma constitucional habría de ir precedido de un debate acerca de cuan satisfactorio es el gobierno, y cómo se ha desempeñado. Lo cual incluye, claro, la crítica. Nada de eso ha habido en esta polémica, tan hija de impulsos como huérfana de ideas.

Al proclamar que el Estado se ha vuelto prescindible, Maragall, por enésima vez, le recuerda al pueblo español y catalán que alguien le está mintiendo. Unos dijeron que, al fin y al cabo, este estatuto no cambia nada. Es más, que era, que es aceptable, precisamente porque no cambia nada. Porque no es más que una especie de truco del almendruco de un presidente del gobierno habilidosísimo, una jugarreta político-jurídica hecha de preámbulos ostentosos, pero con poca chicha. Eso se dijo, ¿recuerdan? Pero otros dicen, otro dice, que sí cambian las cosas, y mucho. Que el Estado se vuelve residual, nada menos. O sea, que sí tenían razón los que venían denunciando que esta reforma debilita al Estado como organismo básico de vertebración de la sociedad española. Y bien, ¿quién miente, pues?

Quizá mientan todos. Bueno, quizá no, lo más seguro es que mientan todos. Miente Maragall, por supuesto, cuando dice que el Estado se ha vuelto residual. Quizá pueda llegar a serlo, sí, pero eso no sucederá ipso iure. Antes deberá desarrollarse la pieza legislativa que, según él, provoca semejante estado de cosas. Y eso promete ser un proceso largo, farragoso y, por supuesto, muy dependiente... del Estado. Cataluña aún está expuesta, y mucho, a la dinámica política española, sencillamente porque no sólo es parte de ella, sino que es parte esencial. Quizá va siendo hora de que los catalanes dejen de autoengañarse con esa contraposición falaz entre Cataluña y España, con esa referencia a un Estado lejano. España es lo que es, en buena medida, porque los catalanes así lo han querido. Cataluña no es, ni ha sido nunca, precisamente, un actor de reparto en esta tragicomedia.

Pero mienten también, desde luego, los defensores de la tesis de la inocuidad. Algo ha pasado, y algo muy importante, por más que muchos –incluyendo la mayoría de los ciudadanos más directamente afectados, que ni siquiera se tomaron el trabajo de acercarse a emitir su opinión- quieran ignorarlo. Han sucedido cosas importantes en sí mismas y, por supuesto, de todavía inciertos efectos futuros. Como mínimo, donde antes había un marco razonablemente claro, hay ahora una oscuridad tan profunda que permite a unos y otros sustentar posturas, si no diametralmente opuestas, sí muy alejadas entre sí.

Porque es probable que lo único cierto en torno a este triste asunto sea que no se ha cerrado ningún proceso. Antes al contrario, puede que se haya abierto uno de consecuencias aun desconocidas. Lo único cierto, por evidente, es que un debate que a nadie –o eso decían- interesaba, se ha enseñoreado de la política española durante más de tres años y, lo que es más grave, los efectos amenazan con extenderse mucho más. Si el Estado es o no residual a partir de anteayer es cosa opinable. Hay quien piensa que ya era residual hace mucho y, en todo caso, siempre dependerá de lo que entendamos por “residual”. Pero lo que es claro y no sujeto a demasiados juicios de valor es que hemos cambiado certezas –dentro de lo que en política y derecho puede significar esa palabra- por incertidumbre.

1 Comments:

  • Ya iba siendo hora de que alguien pusiera de manifiesto la monumental memez que es alimentar al enemigo. El separatismo, malévola invención de pequeños aldeanos rencorosos, es por definición enemigo de España. ¿Para cuándo la ilegalización de los partidos separatistas?

    By Blogger Javier Ayanotna, at 1:46 p. m.  

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