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martes, marzo 07, 2006

PARQUÍMETROS

La penúltima polémica en Madrid se llama estacionamiento regulado. Bueno, se trata, más bien, de la extensión de la regulación a áreas en las que todavía no funcionaba. Tras esta ampliación, hay que pagar por aparcar en toda la “almendra central” de la ciudad –todos los barrios que quedan dentro de la primera autovía de circunvalación- y en los denominados “cascos históricos” de algunos distritos incorporados tardíamente a la ciudad, que en su día fueron municipios autónomos con antiguos centros formados por un dédalo de callejas trazadas con poca o ninguna planificación. En realidad, la cosa no para en que hay que pagar la tasa correspondiente por estacionar sino que, gracias a los avances de la técnica, y merced a un sistema de registro de matrículas, ya no es posible renovar el tique de aparcamiento transcurrido el plazo. Hay que mover el auto no ya a otra plaza, sino a otro barrio.

Los vecinos han reaccionado de manera airada, oponiéndose, incluso con una inaceptable violencia –que les quita cuanta razón pudieran llevar-, tenazmente a la ampliación. Se emplea una multitud de argumentos, no todos, creo, muy bien fundados.

Que a nadie le gusta pagar por aparcar va de suyo. Y menos aún, supongo, le agrada a nadie tener que bajar cada par de horas a dar una vueltecita con el coche. No en vano, de lo que se trata es de disuadir al personal, de ponerle cada vez más barreras para que tenga que emplear el transporte público, sí o sí.

Se dice que el Ayuntamiento actúa guiado por su voracidad recaudatoria. Que, en el fondo, esto es otro sacacuartos.

Pues bien, por una vez y sin que sirva de precedente, voy a romper una lanza a favor del Consistorio. Sin que esto implique, claro, negar que el Ayuntamiento de Madrid es un depredador fiscal de primer orden, aunque el argumento no esté, creo, bien traído al caso. Argumentaré mi postura...

Creo, para empezar, que el método de los parquímetros es probadamente eficaz. A diferencia de la extinta ORA –un sistema que presentaba el claro inconveniente de que era necesario adquirir los tiques no en el momento de aparcar, sino antes, en los estancos- parece que los madrileños se habían hecho a lo de poner su papelito y, por una vez, cumplir con la ordenanza –esto, en nuestra capital, tiene un cierto aire novedoso, aunque a personas de latitudes más civilizadas pueda chocarles- y, sobre todo, el sistema provee una cierta rotación de plazas y, por tanto, más probabilidades de encontrar hueco. Ni que decir tiene que aparcar en la Villa sigue siendo una tarea titánica pero, en fin, algo menos.

Por otra parte, los vecinos, residentes y gente que trabaja en las nuevas zonas no protestaron cuando fueron los distritos del centro los afectados. Al contrario, les pareció muy bien, porque así es posible ir al centro a hacer gestiones. Tampoco quienes vivimos y trabajamos en el centro fuimos muy protestotes. Pues bien, aparcar en ciertas zonas “periféricas” –quizá no en todas, cierto- no es mucho más sencillo que hacerlo en las calles céntricas. De hecho, la disponibilidad o no de aparcamiento depende de muchos factores, entre ellos la antigüedad de las construcciones y la disponibilidad de garajes, inexistentes en el casco histórico, pero tampoco muy abundantes en barrios urbanizados hasta los años 70 del siglo XX. La noción de “centro urbano” de Madrid –entendiendo por tal la zona en la que se desarrolla la mayor parte de la vida de la ciudad- no coincide, ni mucho menos, con los barrios históricos o con el propio distrito centro. El resumen de mi tesis sería que, si se concluye que el parquímetro es necesario en los distritos más céntricos, no debería haber problema en extenderlos a los adyacentes, porque la situación no es muy distinta.

El argumento económico abona la necesidad de algún mecanismo de asignación y, como siempre, los precios son los mejores –otra cosa es que se discuta quién y cómo fija este precio. Cuando un bien, como los metros de acera, es escaso, como ocurre en Madrid, debe buscarse un mecanismo de asignación. No existe ningún bien gratuito, y nada mejor que explicitar el coste. Otras ciudades han optado por mecanismos alternativos, como los peajes. Es mejor esto, desde luego, que la simple prohibición de acceso, que sería la solución socialista –como el aparcamiento es escaso, no aparca nadie-.

También puede ser, simplemente, que las ciudades, más allá de ciertos límites, sean una muy mala idea.

1 Comments:

  • Pues no estoy de acuerdo contigo. Como no vivo ni trabajo en los barrios céntricos no opino sobre la idoneidad o no de parquímetros allí, si no protestásteis los residentes será porque estábais mas o menos de acuerdo.

    Lo que te puedo asegurar es que la oposición en mi barrio es total. Nadie siente que le resuelven un problema sino que le crean uno que no había. En algunas zonas simplemente no hay problema de aparcamiento, y en otras el problema se presenta por la noche, cuando vuelven los vecinos del trabajo. No hay "visitantes" que quiten las plazas, pero lo que si han aparecido son multitud de zonas azules que expulsan a los vecinos de sus propias calles.

    Estoy de acuerdo en condenar la violencia contra los parquímetros, pero no me estraña en absoluto que los ciudadanos "capten" los mensajes que se envían desde el gobierno de la nación (todavía la única) de que para que te hagan caso debes tener fuerza y demostrarla.

    By Anonymous Anónimo, at 11:21 p. m.  

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