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miércoles, marzo 29, 2006

NO A LOS APRIORISMOS

Contesta Fernando Savater en una entrevista con los lectores de El País:

[...] Ahora, sin atentados y (supongo) sin kale borroka, los no nacionalistas debemos empezar a recuperar en todos los planos el espacio público en el País Vasco. Debemos hacernos visibles en la calle y audibles en todas partes. En eso se probará que el "alto el fuego" es real y no un subterfugio de los gángsters para sacar tajada.

Y también, a otra pregunta:

[...] Yo creo que a la democracia en el Pais Vasco no le falta nada, es decir, tiene parlamento, hacienda, enseñanza...sólo le sobra la amenaza totalitaria y el terrorismo.

Las respuestas del filósofo me hacen pensar sobre dos ideas, repetidas últimamente en muchos foros, por personas de muy diversa procedencia ideológica.
La primera es la de que los nacionalistas “están ahí, son una realidad que no puede ignorarse”. Seguro que a muchos de ustedes les habrán espetado algo así alguna vez, con mejor o peor intención, indicándoles que el “inmovilismo” es una mala política porque parte de una negación de la realidad. La política de Aznar, por ejemplo, sería una buena muestra de esa negación de lo que existe (en realidad, es falaz que la política de Aznar partiera de una ignorancia de que el nacionalismo es un dato fundamental en nuestro panorama, sino que, más bien, propugnaba una manera de tratar con él bien diferente de la de los treinta años precedentes – esto es, partía de que existe y “está ahí”, pero de esto no se derivan necesariamente las consecuencias que siempre se ha querido extraer).

Pues bien, no oigo, u oigo con mucha menos frecuencia, que se reclame también del nacionalismo esa “aceptación de la realidad”. En Euskadi, en Cataluña, en Galicia, los no nacionalistas existen, y no son pocos, precisamente. Suficientes como para que las constantes llamadas al reconocimiento de la pluralidad constitutiva de España tengan un sentido incluso mayor en las regiones en cuestión. Si España tiene un problema de distintas sensibilidades o distintas identidades nacionales –que nadie niega que debe gestionarse de manera adecuada (¿qué tal a través del vigente sistema autonómico?)- esos problemas, al cambiar a la escala catalana o vasca se agigantan hasta proporciones descomunales. ¿Es casualidad que sean Cataluña y el País Vasco las regiones españolas con el parlamento autonómico más atomizado?

¿Se aceptará que los no nacionalistas reclamen también su parte del espacio público? Porque no son, ni mucho menos, una anécdota, pese a que, a base de repetir lo mismo una y mil veces, hayamos terminado por verles poco menos que como outsiders, como rarezas, como extraños en su propia tierra. No son ninguna minoría, como prueba el que, cuando alzan la voz, el establishment oficial reacciona con virulencia. El caso Ciutadans de Cataluya es paradigmático, véase, si no, la catarata de insultos con la que han sido recibidos por el mero hecho de pretender poner cara y ojos a las ideas de mucha gente insatisfecha con los que deberían ser sus representantes, que tienden a hacer como que no existen.

La segunda cuestión es la del “déficit democrático”. Como bien dice Míkel Buesa, la primera víctima de este furor por las mesas que vive el País Vasco es la democracia tal como la entiende el resto del Mundo. Porque ¿existe alguna mesa más representativa que el Parlamento de Vitoria?

El comunicado de ETA sobre su alto el fuego es vergonzoso de principio a fin, pero llega al exacerbo cuando los encapuchados con boina –algo increíble, por cierto- se permiten el lujo de, negando toda legitimidad al órgano elegido por el pueblo al que dicen representar, dan sus condiciones para el inicio de un proceso “verdaderamente” democrático.

El mundo etarra, como el mundo nacionalista en general, no considera democrático ningún proceso que no controle, ni ningún parlamento, se conoce, en el que no ostente mayoría aplastante. Porque lo cierto es que los que pretenden definir el futuro de Euskadi, ni en sus mejores tiempos representaron a más del doce por ciento de la población. ¿Es todo el mundo consciente de lo que la aceptación de estas condiciones implica?

Savater, una vez más, pone el dedo en la llaga. También lo hace cuando dice que el “problema vasco” es el nacionalismo totalitario, del mismo modo que el “problema judío” era Hitler. Savater, como persona inteligente que es, se niega a aceptar, de entrada, los términos de un discurso que, por sí mismo, es media partida. Ojalá otros hicieran lo mismo.

Postdata: este es el artículo número 400 que se publica en esta bitácora. Gracias a todos mis lectores por tener la paciencia de leerlo, éste y los 399 anteriores. (Ya sé que 400 no es una cifra especial, cualquier excusa es buena para dar las gracias, ¿no?)

1 Comments:

  • Enhorabuena por los 400.

    ¡Qué envidia!

    En el artículo tienes toda la razón.

    Solo añadiría que creo que a la inmensa mayoría no le preocupa ni el nacionalismo ni el no nacionalismo. Y de ahí sacan tajada los nacionalistas.

    Cataluña era franquista en los 70, pujolista en los 80 90 y ahora es del tripartito ... con dudas por si vuelve a ganar Conveniencia y Unión.

    By Blogger Joan Pirata, at 10:16 p. m.  

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