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viernes, marzo 10, 2006

ALEMANIA, AÑO CERO

Cada vez más gente se hace eco de lo que está pasando en Alemania, con sana envidia. Ayer era Francesc de Carreras en la Vanguardia, y hoy, en las noticias de Onda Cero, lo comentaban también. Son muchas las cosas dignas de mención, que convertirían lo que se cuece entre los teutones en noticia en cualquier caso.

Primero, porque se empiezan a andar el camino de la reforma constitucional más importante desde que se promulgara la Ley Fundamental de Bonn, allá por 1949 y porque la reforma no tiene como objetivo profundizar en el federalismo, sino racionalizarlo. A menudo, la palabra “federalismo” está siempre unida a procesos de disgregación, y es muy raro que la tendencia sea reversible. He aquí un ejemplo de lo contrario.

Tanto más raro en un país que, como Alemania, lleva el federalismo en los genes. Porque, conviene no olvidarlo, Alemania no es sólo un estado joven, sino que la República del 49 es la amalgama de una serie de regiones que la preexistían y que en muchos casos fueron, ellas mismas, potencias europeas durante siglos, como Prusia o Baviera o, como mínimo, prósperos estados soberanos, como Sajonia. Los lazos políticos entre estos estados fueron siempre lábiles.

Llama la atención, por supuesto, por la coyuntura política en la que se realiza. El sistema alemán de reforma requiere mayorías amplísimas en las dos cámaras del Parlamento. Sólo una gran coalición o un acuerdo sincero entre derecha e izquierda podían proporcionar esas dos mayorías de manera simultánea. Pero ha sucedido, quedando en evidencia que la gran coalición no responde a un simple arreglo de circunstancias, destinado a morir en cuanto sea posible. Puede que sea así pero, entre tanto, se harán cosas importantes. Quizá la legislatura sea corta, pero no tiene por qué ser una legislatura perdida.

Es verdad que, fundamentalmente, la reforma se plantea como una centralización del poder, no tanto a través de nuevas competencias para el estado federal como a través de la remoción de obstáculos para su ejercicio. Pero, a cambio, los länder obtienen competencias nuevas, precisamente las más cercanas al ciudadano, como la educación. En suma, se trata de una reordenación presidida por los principios de eficiencia y subsidiariedad, como aconseja el sentido común.

Si la operación es interesante desde cualquier punto de vista, en España no puede sino verse con envidia por las gentes de buen sentido.

Envidia, en primer lugar, por ver cómo en otras latitudes los políticos, aunque sea tarde y mal, son capaces de remangarse y acometer los problemas pensando, por una vez, en el conjunto del país. Son capaces de entender que el que hoy es gobierno mañana será oposición y al revés (claro, es que ninguno de ellos tiene previsto cargarse la alternancia, como programa político) y, por tanto, todos ganan si se acometen reformas que serán necesarias gobierne quien gobierne.

Envidia por ver cómo los ciudadanos, los alemanes, obtienen prioridad incluso sobre sus muy añejos y venerables länder. El debate sobre competencias no es gratuito, sino que se busca la distribución más eficaz. No se trata de ninguna ocurrencia extemporánea de ningún iluminado, sino de atender a la evidencia de que el sistema constitucional del país, en algunos aspectos, se ha erigido en un auténtico obstáculo para adoptar las políticas necesarias. Se ha vuelto antieconómico y, por tanto, irracional. La arquitectura constitucional del país no tiene otra razón de ser, absolutamente ninguna otra, que el mejor servicio a los ciudadanos. No es nunca un fin en sí misma.

Envidia, en fin, al ver como los debates pueden desarrollarse con lealtad. A buen seguro, estados y Federación pugnarán por obtener más competencias, más fondos, más capacidad de decisión. Se llegará, o no, a un diseño razonable. Pero nadie oculta cartas, nadie tiene propósitos inconfesables y nadie pretende llevar a Alemania al suicidio poco a poco. Se puede dejar, con más o menos gusto pero con confianza ciertos asuntos en manos del otro, en la tranquilidad de que nunca será usado contra el conjunto.

Acertarán o se equivocarán. Pero eso es todo.

1 Comments:

  • En efecto, es a la vez una centralización (en la toma de decisiones) y una descentralización en la ejecución de estas.

    Think global, act local.

    Lo mas razonable.

    By Blogger AMDG, at 9:59 p. m.  

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