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sábado, febrero 18, 2006

SOBRE LA PEDAGOGÍA DE LA VIOLENCIA

Javier Gómez de Liaño se preguntaba hace unos días en una tribuna de un periódico por las causas que pueda haber tras la epidemia de violencia que parece haberse instalado entre nuestros jóvenes. A buen seguro, tras el hecho de que chicos a edades cada vez más tempranas cometan crímenes cada vez más execrables, subyace un fenómeno complejo, que no puede ser despachado con recursos fáciles. Seguro, también, que no todo puede ser achacado a simples conductas sociopáticas, habrá explicaciones racionales.

Una de ellas, a mi juicio clara, es que estamos enseñándoles, por vía de evidencia, a nuestros jóvenes algo que no dejamos de negar, en frases cada vez más huecas. A poco que se fijen en lo que pasa a su alrededor, concluirán que la violencia es poder, la violencia trae resultados y, a menudo, sus costes, si es que los tiene, no son en absoluto proporcionados. Piénsenlo, ¿si el precio es un suave correctivo, sin mayores consecuencias, por qué negarse el gusto de ser el rey del colegio por unos días? Todos sabemos que esta es una dinámica peligrosa, convertirse en agresores para no ser víctimas, sí... pero esta es una verdad en todo caso teórica y a plazo, mientras que los réditos de la violencia son bien prácticos al contado.

Si nuestros chicos leen la prensa o siguen los debates políticos, me temo que la dosis de realpolitik que pueden percibir es de todo menos pedagógica.

Verán cómo nadie se para a pensar si determinadas caricaturas son ofensivas para judíos, budistas o cristianos. Como nadie se reprime a la hora de motejar de “asesinos” y “torturadores” a gobiernos democráticos. Esa misma gente para la que todo son matices a la hora de tratar a según qué minorías étnicas o religiosas –merecedoras, sí, de todo el respeto, pero no más que otros- o a la hora de llamar por su nombre a las más repugnantes y criminales dictaduras, pierde mucho interés en afinar el discurso en otras ocasiones. La razón, claro, es que hace ya siglos que algunas confesiones religiosas dejaron de emitir sentencias de muerte, que sus feligreses no degüellan a los críticos y, en fin, que los gobiernos democráticos no suelen perseguir y encarcelar a los que se despachan a gusto contra ellos, en tanto que los dictatoriales lo hacen por norma.

Ya que aunque no se admite que nadie esté asistido del derecho a quemar embajadas o insultar impunemente, todo es apaciguamiento y peticiones de perdón, sólo cabe desear estar siempre en el lado de los que queman, no de los que son quemados, y en el lado de los que insultan, no de los que son insultados. A los agredidos y ofendidos no les queda más que la solidaridad de quienes nada más pueden hacer por ellos.

Verán también cómo quienes ejercen la violencia contra los estados y sus ciudadanos, quienes practican el terrorismo o sus equivalentes políticos, quienes van contra la razón y el derecho terminan por ver sus esfuerzos coronados por el éxito. Sea porque, simplemente, ganan la apuesta, sea porque terminan provocando tal hastío que las víctimas del castigo terminan perdiendo toda referencia moral y de principios. Sólo quieren que eso pare.

Cualesquiera que sean, por ejemplo, las concesiones que obtenga el mundo nacionalista vasco con ocasión de una posible entrega de las armas de ETA, ¿vamos a enseñarles a nuestros estudiantes que las obtuvieron a través de la convicción y del proceso racional que, se supone, es la única herramienta válida en una sociedad democrática? ¿Cómo les explicaremos que –en la mejor de las hipótesis posibles, en la de que no haya otras concesiones- algunos presos no tendrán por qué cumplir la pena que en justicia se les impuso y otros sí?

El Estado que impide llevar armas a los ciudadanos de bien, y que trata de incivilizadas a las sociedades en las que ese derecho está reconocido, les obliga, cada día, a participar en una lotería siniestra en la que pueden ser víctimas de quienes, sencillamente, decidan que no están por la labor de respetar las reglas de juego, de perturbados o de quienes, a las claras, hayan llegado a la conclusión, en un análisis coste-beneficio, de que es mucho más fácil tirar por otro camino. Ese Estado no sólo falla a menudo en la razón que aduce para arrogarse el monopolio de la fuerza –que es él quien otorga la protección- sino que permite que se mofen de ella, cuando no colabora activa o pasivamente en su escarnio y, en última instancia, le reclama mayores sacrificios, que se convierta en ejemplo de valores. Le pide, en suma, que no exija su incuestionable derecho de reparación, que perdone y, en el colmo de la desvergüenza, que se avenga a vivir conforme a unas reglas dictadas, en todo o en parte, por los propios criminales.

A veces, quizá no se calibra del todo bien cuánto daño puede llegar a hacer, en una sociedad, el virus de la injusticia. La evidencia, palmaria, de que algunos no sólo no son castigados por su comportamiento antisocial, sino que obtienen réditos de él. Es verdad, aquí también, que la escuela es una reproducción a escala del mundo en el que se incardina. Se dice –decimos- que la escuela no prepara adecuadamente para la vida adulta. ¿Estamos seguros de eso? Dígase, mejor, que la escuela no prepara para una vida adulta como quisiéramos que fuese.

1 Comments:

  • 2. LA MODELO. Julio 1980.
    Y Javier Gómez de Liaño.

    Por Rafael del Barco Carreras



    Al margen que el caso CONSORCIO DE LA ZONA FRANCA generara páginas contra los encarcelados, el Delegado del Estado nombrado en 1977, Bruna de Quijano, el comerciante de coches Fernando Serena, y yo, y al mismo tiempo los socialistas de “Serra y Maragall”, y otros, aprovecharan el enredo para sacarle (supongo al estilo FILESA, extorsión) al Banco Garriga Nogués, alias JAVIER DE LA ROSA MARTÍ, hijo del huido “secretario” ANTONIO DE LA ROSA VÁZQUEZ, muchos más millones de los denunciados, en principio a la prensa 10.000 millones, rebajados en la denuncia a 1.200, de las pesetas de entre 1975 a 1979, mi vida en la Modelo forjaría otras prioridades. SOBREVIVIR, física y mentalmente.

    Los recuerdos podrían degenerar el cuadro a describir, por lo demás solo escrito por alguna de las víctimas poco o nada escuchadas o leídas, ya en denuncias oficiales (todas “aisladas” o archivadas) o escritos más o menos enmudecidos, y por ello cuando me refiero a aquella MODELO, cito al primer JUEZ DE VIGILANCIA PENITENCIARIA, Javier Gómez de Liaño, en su excelente libro “PASOS PERDIDOS, Confesiones en carne viva”. Navidades de 1981, “Cuatro meses de trabajo fueron bastantes para descubrir el cúmulo de abusos y barbaridades que se perpetraban en la cárcel Modelo de Barcelona. Situada en pleno centro de la ciudad, era como un amplio escaparate del absurdo”. El libro, editado en 1999, sigue con alguna de las espeluznantes escenas, como su visita al PALOMAR, unas celdas acolchadas (para locos) en la enfermería. Esas celdas formaban parte, con las argollas de la QUINTA, del SISTEMA, y con la ventaja de que los gritos no despertaban a los vecinos. Cuenta que años después preguntó al secretario del juzgado por los varios sumarios abiertos por homicidios, asesinatos, torturas y corrupciones de todo género, con incluidas “venta de libertades”, no por SUS DENUNCIAS, sino por las víctimas…NO PASÓ ABSOLUTAMENTE NADA, NINGUNA SENTENCIA a considerar, NINGUNA. Si el Gobierno Suárez nombró director para pacificar la cárcel, tras los motines, al torturador Camacho, no se quedó corto al nombrar PRESIDENTE de la AUDIENCIA A ALFONSO HERNÁNDEZ PARDO, dos sátrapas del más refinado franquismo.

    Primeros de julio de 1980. Alojarse en la planta baja de la SEXTA GALERÍA sería a lo que los periodistas se referirían en el VIVIR COMO UN MARAJÁ sobre Bruna, y si se comparaba con la CUARTA, DE REINCIDENTES, O LA TERCERA (con promedios de 700 individuos), PARA EXTRANJEROS, moros, negros y sudamericanos, era una “delicia”. Unos 400 individuos en unas 90 celdas, con un funcionario que recontaba y poco más. La gran ventaja de la sexta, durante el día la mayoría trabajaban y los pocos que quedábamos podíamos movernos entre el patio y la celda. La SEGUNDA, más pequeña, con varios de la ETA, no estaba mal en cuanto al ambiente, y la QUINTA, la de castigos, la de las barbaridades, sin olvidar la enfermería que lo mismo servía para aislar algún enchufado que para matar a palos a cualquiera, y cuando digo “matar”…es matar. Recuerdo que muchos años después cuando ya no existía EL PALOMAR, Don Francisco (nombre real de uno de los presuntos torturadores) me contaba que al entrar en una de las celdas el “loco” le arrojó a la cara los excrementos… y lo puso a caldo ¡claro!.

    El susto inicial de que poco menos se me comerían se pasó rápidamente. A los “caballistas”, así se llamaba entonces a los de “dinero o bolígrafo”, se les respetaba, por lo menos en aquella galería donde el resto se jugaba mucho de salirse de las normas. Zamora, el cabo, todo un prototipo, chorizo, tuerto y ligera cojera, se desvivía para tenernos contentos, claro que consumiéndole alguna de las porquerías que servía en su “rutina”, café de sucia cazuela, tortillas, o carne que conseguía de la cocina, al igual que el machaca Miguel procuraba un jergón sin cuerdas, colchón sin meadas, o sábanas limpias. Mi contable mentalidad le atribuyó ganancias de unas 200.000 pesetas mensuales, aun manteniendo a tres ayudantes. Toda una fortuna, o sea, que el primer responsable del “orden”, y chivato oficial, era el más interesado en su mantenimiento. Xiqui y Angel (nombre falso), con las drogas y el juego, ganaban más.

    Las drogas. Si la compra de varios porcentajes de acciones, en efectivo y con letras, de Charly Max, negociación en la que me enfrenté al retorcido futuro presidente del Barça y de Husa, Juan Gaspar, que con un 7% y la gerencia succionaba los sustanciosos beneficios, me hicieron administrador de la célebre entonces discoteca en Barcelona (esquina Bori Fontestá-Beethowen), con lleno continuo, y me pusieron ante el creciente tráfico de drogas, ahora se mostraban omnipresentes, la primera y imperiosa prioridad. Un elemento nuevo que desde el primer instante me indicaba su terrible peligrosidad, pero marginándose de su circuito y consumo la tranquilidad CASI absoluta.

    Mi primer amigo, CHUECA, todo un personaje, una celda para él solo desde que hacía unos meses un túnel desde la Avenida Roma pretendía alcanzar el patio de la sexta pero se hundió en la calle Provenza (la zona es una explanada, antigua riera desde Sarriá al Paralelo rellena con tierras del Ensanche, donde infinidad de ratas construían sus madrigueras, saltando a la cara de los perforadores), descubriendo su autoría por los planos que llevaba encima. Pretendió reeditar el famoso túnel por donde escaparon cuarenta y cinco presos. Se proponía poco menos que vaciar la cárcel, cobrando peaje. Falsificador, estafador de bancos y casado con una italiana (pura mafia decía). Después de una temporada en la QUINTA, vivía tranquilo y solo en la planta de la SEXTA. Murió poco después de su libertad de un disparo en la cabeza.

    Y si yo en el interior buscaba mi acomodo y hasta emborronaba cuartillas, leía o jugaba con mis compañeros, cartas y frontón, a la par que atosigaba a preguntas a BRUNA, nunca aclaradas, mi mujer demostraba su gran actividad exterior, consiguiendo a los pocos días entrevistarse conmigo en el locutorio de “Jueces”. Todo un logro ya que en los locutorios generales (sin cabinas) era imposible por el griterío mantener una conversación. Y los logros no vendrían por los “amigos” que del ambiente “oficial” nunca tuvimos, y los otros desaparecieron o perjudicaron, sino por el BAR LA MODELO, la Tina, donde servían las varias docenas de comidas que se pasaban a diario al interior de la cárcel. Comenzó picando piedra, o sea, a invitar, pagar comidas, o pasarse horas esperando no sabía qué… por lo pronto comida decente, aunque cara, y la prensa…

    Continuará…ver www.lagrancorrupcion.com

    By Anonymous Anónimo, at 5:28 p. m.  

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