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miércoles, diciembre 07, 2005

RELEVO TORY

Los Tories acaban de nombrar el que, si las cuentas no fallan, es ya su tercer líder desde que Blair está en el poder. Es un hombre muy joven, de 39 años, y que parece que tiene las ideas claras. Es consciente de que el Partido Conservador no necesita sólo un cambio de caras, sino una auténtica puesta al día.

Desde luego, los Conservadores tienen un espejo en el que mirarse, que no es otro que el del propio Laborismo. Es fácil olvidarlo, ahora que la socialdemocracia británica parece imbatible o, por lo menos, inasequible a un partido Conservador que, más bien, se diría que se encuentra en trance de pasar a ser, a poco que los Lib-Dems afinen el tiro, el tercero en discordia, pero esto no siempre fue así.

El largo dominio conservador, de la triunfante Thatcher al crepuscular Major, también llevó a muchos a pensar que el Laborismo estaba condenado. Una y otra vez, líderes cortados por el patrón de la izquierda ortodoxa, sobre todo Neil Kinnock, se estrellaron contra la robustez de unos Tories en racha. Hasta que cayeron en la cuenta de que, quizá, el viejo estilo y las viejas ideas eran ya inapropiados para una sociedad que, guste o no, no es la misma desde la pasada por el thatcherismo.

El electorado británico, sabio y experimentado, no suele dar mandatos basándose exclusivamente en deméritos ajenos, sino que suele exigir méritos propios. Es cierto, no cabe duda, de que cuanto peor lo hace el Gobierno de Su Majestad, el currículo que se le va exigiendo a la Oposición –también de Su Majestad- es menos notable, pero siempre ha de existir. Sobre todo, por muy mal que estén las cosas, nunca es admisible un partido que se encuentra en las antípodas de la mayoría.

Al menos en España, es un cierto valor entendido que las elecciones nunca se ganan, sino que se pierden. Y hay que reconocer que nuestra aún breve historia democrática avala semejante juicio. Hasta la fecha, las alternancias en nuestro país se han producido por hartazgo de la facción en el poder o, como en el último caso, por una oleada de indignación.

No es bueno, quizá, que los líderes de los partidos de oposición, simplemente, tengan que sentarse a esperar, a ver pasar el cadáver de su enemigo, aguardando el voto de castigo que les dará el mandato, más bien como una consecuencia derivada que como una consecuencia originaria del proceso electoral, encaminado fundamentalmente a mostrar el descontento con el que gobierna. No es bueno, por tanto, que las elecciones tengan ese aire plebiscitario.

Cameron deberá, pues, poner orden en su casa y hacer una propuesta creíble. Y la verdad es que no es fácil.

No es fácil, en primer lugar, porque las fracturas internas de los Tories no son meros accidentes, sino enormemente sustanciales. Sin ir más lejos, las cuestiones europeas son el ejemplo por antonomasia. Tanto, que no sería extraño que las posturas divergentes resultaran inconciliables, dando lugar a una escisión (aplicando aquello del “gentlemen, let’s agree to differ” – esto es, quedemos de acuerdo en discrepar civilizadamente, que no otra cosa podemos hacer) como único remedio. Está por ver cuánta de la fuerza electoral del partido quedaría de cada lado.

Y no es fácil, por otra parte, porque la redefinición ideológica del Laborismo le ha llevado a ocupar una enorme parte de lo que, convencionalmente, denominamos “centro”. El elector conservador algo tibio encontrará un acomodo fácil en los programas del partido de Blair. Quizá esto pueda empezar a cambiar si los Laboristas cometen el error de “girar a la izquierda”, algo que sería probable si Gordon Brown se pone al frente del partido en la próxima elección -o quizá antes, si es que Blair abandona a media legislatura-. En todo caso, parece claro que el Partido Conservador se encuentra “a la contra”, altamente condicionado por las maniobras del contrario.

Lo cierto es que los Tories no pueden resignarse a quedar encajonados en el espacio electoral “natural” que Blair les deja y que queda demasiado a la derecha como para ser mayoritario. El “nuevo conservadurismo” de Cameron deberá superponerse, por tanto, a la “tercera vía”. Se deberá pugnar por un espacio común.

Interesante.

1 Comments:

  • En pocas palabras:Un aristocrata progre(haciendo caridad con el dinero de los demas).
    Me recuerda a Barroso que fue tildado de liberal y ahora se muere por aumentar el presupuesto de la UE frente a,precisamente ,el laborista, Blair.

    By Anonymous Anónimo, at 9:02 p. m.  

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