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viernes, diciembre 16, 2005

POLÍTICA AGRARIA COMÚN

Como sucede habitualmente, también en esta ocasión, en la negociación de los aspectos financieros en la Unión Europea, la Política Agraria Común (PAC) está en el ojo del huracán. De hecho, el meollo del llamado “cheque británico” que Blair intenta defender a capa y espada no es otro que la circunstancia de que el Reino Unido no obtiene prestaciones por políticas agrarias comparables a las de otros socios de parecida potencia financiera, por lo que, en ausencia de esa compensación, su contribución neta sería mayor.

Desde un punto de vista liberal, la PAC es doblemente odiosa. Es odiosa porque es un conjunto de subsidios y, por tanto, un elemento distorsionador del mecanismo de los precios –única forma de entenderse cabalmente en una economía compleja y desarrollada- pero, además, lo es especialmente porque la clase de de productos que se subvenciona son, precisamente, aquellos que los países menos desarrollados producen con ventaja, esto es, los productos agroalimentarios. Y parece que algunas ONG empiezan a caerse del guindo y a darse cuenta de que esto es así.

Anoche mismo, en el telediario de Germán Yanke (inciso: bello elogio el que le dedica hoy, en El Mundo, al periodista de Bilbao, su colega Raúl del Pozo, tan bello como merecido), en el marco de unas conversaciones más generales sobre la negociación presupuestaria, el ex ministro de agricultura y hoy portavoz del PP en materia económica, Miguel Arias Cañete, repasaba cuáles son las razones tras ese engendro.

La primera, según es tradición, es el intento de fijar población en el medio rural, esto es, que el territorio de la Unión no se urbanice por completo. Según reflexión de algunos –sobre todo de los poderosos lobbies agrarios franceses- ello pasa necesariamente por garantizar rentas dignas a los agricultores. Lo cierto es que el argumento tiene cierta guasa y, lógicamente, abre el camino a multitud de reclamaciones similares. El porcentaje de población que hoy reside en el “campo” es muy bajo. La mayor parte de la gente tiende, al menos en España, a aglomerarse en núcleos urbanos de cierta importancia, yendo a sus tierras de labor –que, a veces, quedan yermas por mandato de la subvención- en la jornada, como quien va a la oficina.

A esto lo llaman los políticos “vertebrar” el territorio o, lo que es lo mismo, buscar una distribución espacial de la población que ellos entienden como correcta. Como si la gente, dejada a su libre albedrío, no se distribuyera sola.

La segunda de las razones es la contribución al mantenimiento del paisaje. Es un argumento de cierto peso en regiones como las Islas Canarias, en las que las plataneras, además de producir el preciado fruto –que disfrutamos a precios absolutamente desleales para con los productores de banano de otros países menos afortunados que las islas- mantienen el imprescindible tono de verdor. Deducen nuestros planificadores que los canarios, por ejemplo, aun siendo conscientes de que el turismo es, con mucho, su principal fuente de ingresos, en ausencia de tomates y plátanos subsidiados dejarían que sus hermosas islas se convirtieran en eriales feochones, incapaces de atraer a nadie con un mínimo de gusto.

Por supuesto, nuestros planificadores olvidan que las Canarias eran mucho más verdes antes de ponerse en roturación. Para que entraran plataneras y tomateras hubo de salir el pino canario y otras mil especies antaño más abundantes en el Archipiélago. Es decir, que el paisaje puede cuidarse sin necesidad de subsidiar nada. Antes al contrario, sería de esperar que, ahora que todos tenemos una conciencia ecológica de la que antes carecíamos, intentaríamos recuperar la belleza originaria de algunas tierras asoladas por plantaciones indebidas.

Hasta aquí todo normal. Lo que me extrañó es que el amigo Cañete diera el paso de citar, en un alarde de incorrección política, la tercera de las razones, la que nunca se cita y, por desgracia, quizá la única plausible. Esa razón no es otra que la estrategia.

La Unión Europea (o los Estados Unidos, que en esto son tal para cual) produce alimentos por la sencilla razón de que no quiere depender, para el sustento de su población, de países de reputación dudosa. Y es cierto que si la garantía de nuestro sustento de mañana han de ser los dictadores del ancho mundo, es para que se le pongan a uno los pelos como escarpias. Pero, por una parte, es innegable que hay aquí un dilema moral: normalmente, los defensores más firmes de la PAC suelen ser gente que, al tiempo, se tranquiliza afirmando que la democracia sólo es posible llegado cierto nivel de desarrollo económico –lo cual, claro, descarga mucho la conciencia, como total es imposible que lleguen a nada bueno...-.

No deja de ser paradójico que, mediante nuestro indecente proteccionismo induzcamos dificultades a la estabilización política de esas sociedades –al acogotarlas económicamente e impedirles competir- y luego nos justifiquemos diciendo que su coyuntura política hace completamente indeseable la dependencia de gente tan poco de fiar.

Probablemente, hay que hacer ambas cosas a la vez, es decir, promover activamente regímenes democráticos y respetuosos con los derechos humanos –lo que, desde luego, es impensable desde ninguna “alianza de civilizaciones” que consiste, básicamente, en dejar a cada cual a su aire y llevarnos todos bien (hagas lo que hagas en tu casa)- y desmontar obstáculos que, como mínimo, permiten hacer dudar de nuestra buena fe.

Es curioso cómo, a fin de cuentas, la humanidad, sea en países desarrollados o no, termina compartiendo unos mismos problemas... José Bové es uno de ellos, por ejemplo.

2 Comments:

  • No imaginas lo que me fastidia no haber encontrado este genial articulo hace unas semanas.
    Me senti incapaz de explicar lo que tu tan excelentemente describes.
    De todos modos les voy a enviar la mis amigos tu enlace y retomo la discusión. ¿puedo venir a pedirte ayuda?
    Un cordial saludo.
    Pilar

    By Blogger pilar, at 11:14 p. m.  

  • la verdad es q en general estoy bastante de acuerdo con la posición que expresas pero me parece q pasas por alto algunas cosillas.

    El primer argumento q esgrimía el señor Arias, terrateniente y facedor del lobby agrario económico español (GEA y ASAJA) es el de fijar población rural. Generalizar diciendo que los agricultores viven en núcleos urbanos y se desplazan a las tierras es una simpleza digna de ser rectificada de tan elegante post.

    Lógicamente hay multitud de explotaciones y pueblos que debido a la expansión de las ciudades han cambiado de domicilio, en estos pequeños casos el agricultor deja de ser agricultor porq con la plusvalí de las tierras ya no le merece la pena, pero en general sigue viviendo en el pueblo. Pero es la ciudad la q se come a éste.

    Tb es cierto que existe cada día más la agricultura a tiempo parcial, a día de hoy es aprox el 60% de las explotaciones (pero q ocupan poca tierra y poca producción), es en éstas donde si se dan más casos de población que debido a su intento de compatibilizar varios oficios pues su actividad agraria es muy pequeña vive en la ciudad y hace las "labores" los fines de semana. Pero eso tiene fácil solución, sólo dar las ayudas a los ATPs, los que se dedican mayoritariamente a la actividad agraria y por tanto viven en un 90% en los pueblos y explotaciones, además se reduciría el presupuesto agrario un porrón, pero claro atentaría contra los intereses del sr. Arias Cañete y "familia", que no viven en su explotación por supuesto si no en ciertas calles de Madrid de gran renombre.

    El segundo argumento es el del paisaje. Hay muchos tipos: naturales, seminaturales, etc. Generalmente no son los naturales estrictos los más valorados, o al menos eso es lo q dicen los estudios de sociología, los más valorados son los que mezclan cierta intervención con cierta naturalidad.

    Tb es cierto que si la agricultura de secano mesetaria se abandonara quizá pudiera suponer una regeneración del primigenio monte mediterráneo, pero es una utopía muy bonita teniendo en cuenta como está el tema de la construcción en este país.
    Así pues quitando ese caso particular el resto de agrosistemas suelen tener una alta valoración, la agricultura de montaña o la dehesa son dos ejemplo clarísimos. En este último caso un abandono de las prácticas agrarias tradicionales o una eliminación de los subsidios actuales(aunque ambos hechos llevan sucediendo desde hace 30 años) supondría un embrutecimiento en algunos casos y una deforestación en otros. Muchas dehesas se infestarían de matorral invasor no primigenio y otras muchas zonas se labrarían de continuo para adaptarse a la creciente competitivad imposibilitando la regeneración del monte. Caso aparte son las imprescindibles podas que necesitan las encinas en el ecosistema de la dehesa(por cierto protegido por la UE en teoría en la directiva hábitats), que debido a no tener subvenciones se han eliminado con la consiguiente lenta agonía de los encinares acostumbrados a ser "cuidados"

    El tercer argumento, el de la soberanía alimentaria, para un liberal es bastante fácil de rechazar, sin embargo hay una manera de saltárselo. Y es que los paises competitivos en agricultura no son pobres, les quieren llamar así para que tengamos compasión de ellos, pero es absolutamente falso que sean pobres. Brasil, Argentina y por supuesto EEUU, las cabezas más visibles de los beneficiados por el libre comercio agroalimentario con la UE no son ni mucho menos pobres. Cierto es que Argentina y sobre todo Brasil tienen enormes bolsas de pobreza y zonas del pais totalmente excluidas del mercado. Pero no son precisamente éstos los beneficiarios de ese libre comercio. Es bastante hipócrita por los gobierno de estos países decir que la UE les está coartando su desarrollo al imposibilitar el comercio cuando mediante políticas internas adecuadas podrían solucionar mucho más rápido sus problemas, en especial el de la corrupción.

    Libre comercio de acuerdo, pero por lo pronto mejora tus índices de corrupción, pon algo a cambio. Los caras de la UE y la EEUU no dicen eso, dicen: nosotros nos cargamos a nuestra población rural y vosotros nos dejais venderos productos industriales y demás, la moneda de cambio, como siempre...

    By Anonymous Anónimo, at 1:01 a. m.  

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