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miércoles, diciembre 28, 2005

BIEN JUGADO

El Gobierno y sus corifeos necesitan desesperadamente un estatuto para Cataluña. Importa menos qué estatuto, con tal de que sea aceptado por los partidos catalanes, cuyo interés, claro, no tiene por qué coincidir con el de los catalanes en su conjunto, y menos con el de los españoles. Con independencia de su calidad técnico-jurídica y de su conveniencia para el interés general, cualquier estatuto, por el mero hecho de ser aprobado y bendecido por el nacionalismo catalán cumple dos condiciones esenciales.

La primera es que deja intacta la imagen de Zapatero como hacedor de milagros. Como se ocupa puntualmente de recordar Carod Rovira –que nos ahorra a los demás el trabajo de especular- su desempeño con el estatuto de Cataluña es su tarjeta de visita para la siguiente tarea hercúlea, que es la pacificación de Euskadi. La segunda es que servirá a los Pepiños Blancos y a los editorialistas de medios afines para lanzar un furibundo contraataque en pos de las trincheras electorales perdidas. Será la prueba palpable de que un estatuto habrá nacido y España continuará existiendo, contra los vaticinios fatalistas de un PP que quedará desacreditado. Es evidente que el Puente Aéreo, cualquiera que sea el resultado, continuará funcionando al día siguiente, así que, de todos modos, esta partida la tenían ganada. Para cuando un mal estatuto empiece a surtir efectos, habrá pasado tiempo suficiente como para actuar igual que con la Logse, que parece que no tuviera padre ni madre.

Lo cierto es que todo lo anterior, en caso de ser cierto -cosa que creo- es independiente de la conducta del PP. El Partido Popular no puede, por sí, impedir que el estatuto se apruebe –puede recurrirlo después, pero esta es otra historia-, así que su margen de maniobra es limitado. Pase lo que pase, se le acusará de catastrofista, porque, de hecho, ya se le está acusando.

Pues bien, en este contexto, creo que Mariano Rajoy y su gente están jugando bastante bien el partido. Y es que un político pésimo como José Luis Rodríguez Zapatero siempre deja algún resquicio. El PP está ganando algo que, en el medio y largo plazo, se revelará como auténticamente trascendente: capital político.

De entrada, el PP ha ocupado un espacio ideológico del que, sin mediar dejación socialista, raramente hubiera podido enseñorearse. Que la derecha se erija en defensora de la unidad nacional y la soberanía del pueblo español es incluso normal, pero que pueda ser defensora en solitario de la igualdad y la solidaridad entre españoles es un regalo muy valioso. Y nadie parece ya capaz de discutir esa inversión de los términos tradicionales. Nadie es capaz ya de cuestionar que el PP emerge como el único partido nacional y constitucionalista digno de tales nombres. En su infinita estulticia, Zapatero le ha hecho a Rajoy un obsequio de gran valor: un modelo de estado perfectamente determinado que tiene la incuestionable ventaja de ser conocido y bien valorado por los españoles en general, el modelo de estado autonómico del 78. Todo el esfuerzo que los socialistas deberán invertir en diseñar uno nuevo, se lo acaban de ahorrar a los populares.

La acusación de extremismo –la primera que podría venir a la boca o a la pluma de las falanges socialpolanquistas- ha de atemperarse, y mucho, toda vez que puede tiznar también a socialistas ilustres que pugnan por no abandonar definitivamente lo que fue su terreno propio o, por lo menos, en disputa. De hecho, algunos señeros representantes del Partido Socialista han ido mucho más lejos que los populares en su defensa de los cuatro principios propuestos por Rajoy, y que ningún socialista con un mínimo de sentido podría permitirse no suscribir. De hecho, la situación es tan paradójica que Arias Cañete se daba el lujo de apuntar que las comunidades autónomas gobernadas por el PP saldrían beneficiadas, comparativamente, de un régimen financiero a la catalana. O sea, que el PP puede, merced al acceso de locura del Presidente del Gobierno, erigirse en defensor... de los españoles que no le votan pero que, por carecer de atributos “nacionales”, no tienen quien les apoye en este trance.

Además, el PP está ejerciendo con habilidad el filibusterismo parlamentario. A fuerza de pretender ignorarle, parece que algunos olvidan que el Partido Popular, él solito, tiene más de un tercio de los escaños de la Cámara, y eso tiene sus consecuencias.

Por último, Rajoy ha hecho que su partido presente enmiendas que, a buen seguro, acercan tentadoramente el proyecto al pensamiento de muchos diputados socialistas, que se las verán y se las desearán para rechazarlas. Hay, pues, texto alternativo, lo que sitúa al PSOE en trance de elegir y, por tanto, de dar muchas explicaciones.

Explicaciones, en primer lugar, si rechaza sin más la oferta de diálogo del PP. Si anteayer todos abogaban por una recuperación de los consensos en temas de estado, ¿por qué el PSOE se empeña en obviar sistemáticamente al único partido que puede, con su concurso, dar sentido a la palabra “consenso”? Recordemos: a fecha de hoy, es el PP el único que ha invitado al PSOE a dialogar, no al revés. Y esto no es más que una reedición de lo que sucedió en Barcelona. El PP de Cataluña sí participo, otra cosa es, claro, que no estuviese en condiciones de suscribir el texto resultante. No es cierto, pues, que sea un partido encastillado y reacio a todo tipo de conversaciones. O, desde luego, no más que el Gobierno, que ni siquiera disimula el hecho de que no tiene ningún interés en contar con los Populares, a los que, hasta el momento, viene ignorando por completo.

Explicaciones, por último, si, siendo las propuestas del PP más convenientes para el interés general, más respetuosas con el orden constitucional y, sobre todo, mucho más próximas al sentir tradicional del electorado socialista y del propio PSOE, se eligen otras que no cumplan ninguna de esas condiciones.

Al final, la aritmética mandará y ZP alcanzará su acuerdo “como sea”. Es de suponer, además, que los socialistas sigan el guión preestablecido. Pero Rajoy está maniobrando bien. Sea cual sea el resultado, y para desdicha de Pepe Blanco, la oposición va a salir muy viva del envite.

2 Comments:

  • Y, en el caso de aprobar un Estatuto "limpio", a la siguiente semana, a más tardar, surgirán los gritos nacionalistas catalanes pidiendo más, (excusándose ante su público de no haber podido conseguir sus límites innegociables hasta hace muy poco) en su papel monotématico, y encima de todo ello, después ZP se deberá enfrentar a los vascos y gallegos.
    En fin, pillado a cuatro bandas si añadimos los revolucionarios internos en las ramas/sectas del Psoe, y el ¿PSC?.
    Y quedarán los nacionalistas reflejados en la opinión pública como lo que son pedigüeños y con único objetivo insolidario. Y el hartazgo en la opinión pública desbordado.
    Interesante...

    By Blogger yeda, at 11:54 a. m.  

  • No os engañeis, dentro de un mes la fragata la mandó Aznar, el estatuto no se ha aprobado/reformado gracias a las artes del gran estadista zETAp que ha sabido engañar a los de ERC, la opa la lanzó Rajoy gracias a un crédito de la caixa y Acebes será sorprendido llevando terroristas islámicos detenidos por la CIA hasta Guantánamo. Sólo espero que no pulbiquen un fotomontaje de la aventura de Esperanza con Gallardón, mi corazón no podría soportarlo.

    By Anonymous davidbm, at 5:10 p. m.  

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