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sábado, junio 04, 2005

NO ES SOLIDARIDAD... ES QUE TIENEN RAZÓN

El Gobierno ha dicho que no cambiará su política antiterrorista aunque la manifestación de esta tarde sea un éxito. Como principio, no puedo estar más de acuerdo. Un Gobierno no debe cambiar sus líneas políticas por el solo hecho de que una muchedumbre salga a la calle a criticarlas –cosa diferente sería, desde luego, que a raíz de esa demostración de desacuerdo se iniciara en el Gobierno una reflexión que, eventualmente, pudiera llevar a un cambio de postura, es decir, “la calle” podría actuar como detonante de un proceso, pero no como causa inmediata y única-. Desde luego, es de celebrar que el socialismo gobernante haya vuelto a la sensatez democrática, porque la misma postura, mantenida por el ejecutivo de Aznar a propósito de Irak les parecía un acto de despotismo sin justificación (¿recuerdan cuando la Izquierda le decía al presidente que “escuchara a la calle”?). Bienvenidas sean, pues, las rectificaciones.

También se ha dicho que no son las víctimas quienes deben fijar el rumbo de la política antiterrorista, sin perjuicio de que merezcan el más amplio reconocimiento. Y es cierto. La condición de víctima convierte a quien la porta en acreedor a un trato acorde al sufrimiento padecido y a una reparación adecuada a las circunstancias, pero no otorga, sin duda, derecho alguno a dirigir las iniciativas encaminadas a resolver el problema del terrorismo. Ciertamente, sí hay, por parte de las víctimas, un derecho a ser escuchadas, cuando menos, si esas políticas –como es, indudablemente, el caso de una negociación con ETA, incluso aunque tuviera los únicos fines admisibles, que son los de fijar los términos de su rendición- van a exigir de ellas algún sacrificio adicional.

Así pues, yo iré esta tarde a la manifestación convocada por las Asociaciones para demostrar una solidaridad con las víctimas que es en sí misma valiosa y en sí misma se agota, y para pedirle a un Gobierno insensato que reflexione – desde la conciencia de que no es la calle la que fija las obligaciones y derechos del Gobierno de la Nación.

Más allá del derecho a ser arropadas, creo que las víctimas tienen, en esta ocasión, la razón de su parte. No es, como ha pretendido algún miserable en fecha reciente, que su condición sufriente les nuble el entendimiento. Antes al contrario, creo que gente como Míkel Buesa ha entendido perfectamente. Los que no han entendido son otros.

Independientemente de que las víctimas estén en su derecho de sentirse traicionadas –porque, eso sí, el Gobierno es libre de no atender sus requerimientos o, incluso, de pasar por encima de sus sentimientos, pero no puede exigirles, entonces, apoyo ni cariño por sus iniciativas- creo que tienen toda la razón al hablar del proceso en curso como un error monumental.

Y es que, dentro de la continua ofensa a la inteligencia en la que se está convirtiendo la segunda era socialista, el asunto de la política antiterrorista ocupa un lugar destacado.

Destacado por las esperpénticas circunstancias que lo rodean, la absoluta falta de transparencia, la colección de medias verdades y medias mentiras que, a estas horas, hacen poco menos que imposible confiar en un presidente del Gobierno que no se sabe a ciencia cierta si viene o si va. Una iniciativa carente de una articulación comprensible, extraña, extemporánea y rupturista con una política que se venía revelando eficaz.

Destacado por la grosera manipulación que supone afirmar que no hay precio político alguno mientras, en paralelo, se desarrolla la “maniobra PCTV”, destinada, insisto, sin disimulo, a dotar al mundo de ETA en las instituciones.

Destacado por la soberana insensatez que ha representado la ruptura con el Partido Popular, el enviar a la basura el único instrumento que, hasta la fecha, ha funcionado sin peros en nuestra ya larga historia de combate contra el terrorismo y sus excrecencias políticas, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo – como he comentado ya algunas veces, por ese orden. Es, además, falso que sea el PP quien ha roto el pacto pero, aunque lo fuese, la obligación del Ejecutivo era intentar mantenerlo por todos los medios.

Estaré esta tarde con las víctimas. No (solo) por lo que han sufrido, sino porque tienen razón. Como dijo Maite Pagazaurtundúa, el sufrimiento no les ha bloqueado el entendimiento. Y el que quiera escuchar, que escuche.

1 Comments:

  • ¿Podría aclararme que és lo que se pidió en la manifestación?

    Mi duda proviene del hecho que no tengo claro si se pide que no negocien (cedan) con Eta o que no hablen con Eta (si se quiere en este último caso se puede añadir "una vez dejen, al menos momentáneamente, las armas"). Por lo que yo he visto se han mezclado ambas peticiones cuando la realidad es que son muy diferentes.


    Espero que nadie piense que hablar y negociar son lo mismo, dista mucho del uno al otro. Como ejemplo basta decir que con el regimen iraquí siempre se habló (pensemos que su representante en la ONU tenía voz) pero no hubo negociaciones (cesiones).


    Para acabar lanzo al aire una pregunta sobre una expresión muy utilizada en el post y que tampoco tengo clara. ¿Estar con las víctimas qué quiere decir? ¿Que no se ceda ante Eta, que no se hable con Eta, acompañarlas físicamente, etc? Doy por hecho que no es mi tercera opción aunque ésta sea la lectura literal de "estar con las víctimas", pero el hecho que la lectura literal no sea la adecuada plantea la pregunta evidente de su significado (a no ser que sea pura expresión retórica sin contenido).

    By Anonymous Félix, at 7:52 a. m.  

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