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jueves, junio 02, 2005

BERGA Y L'HOSPITALET

Es verdad que los sucesos de Berga y L’Hospitalet no deben magnificarse ni sacarse de contexto. Puede, incluso, que meter ambos acontecimientos en el mismo saco no sea demasiado prudente. En efecto, es bueno no exagerar.

Pero no es menos cierto que el nivel de violencia entre la juventud en España está creciendo a pasos agigantados, y sería absurdo ignorarlo. Acontecimientos como los citados están sucediendo con frecuencia en barrios periféricos de las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona.

Es verdad que, por otra parte, la existencia de grupos de jóvenes inmigrantes es un factor, en tanto que importan comportamientos que antes no eran habituales en nuestras calles, pero es absolutamente falaz establecer un nexo en el que la inmigración actúe como causa última. La causa estriba en un sistema educativo que, entre sus muchas taras, se muestra incapaz de promover una integración efectiva.

La nueva idea-motor de la progresía es que el modelo educativo diseñado por la Logse ha fracasado, esencialmente, por falta de medios – cicateramente racionados por la derecha, por supuesto. Nadie discute que cuanto más medios, mejor, claro. Bienvenida sea esa enorme cantidad de millones que anuncia la ministra de Educación. Siempre serán insuficientes.

Pero los informes internacionales muestran que, más allá de un umbral mínimo, la calidad y el dinero invertido no están en una relación tan directa –para muestras, botones como Italia y Estados Unidos, cuyos sistemas son un fracaso académico y de otros órdenes, frente a países como los Nórdicos o Japón, con menos nivel de gasto por alumno-. Hay más cosas.

Ayer mismo, el jefe de estudios del instituto en el que se produjeron los gravísimos altercados de L’Hospitalet justificaba –o explicaba que, según el tono en que se haga, puede ser casi equivalente- como una “reacción cultural” la reacción de los muchachos “provocados”. No exactamente igual, pero en términos próximos se expresaba la Consejera de Interior del Gobierno catalán. He aquí un síntoma de lo que pretendo decir.

Un problema básico de la educación española es que, por los centros, pululan legiones de especímenes como esos, cuya capacidad de entendimiento está bloqueada por su propia pedantería e hinchazón de pensamiento fofo. Que han perdido completamente el norte. Que se ha abandonado un pilar fundamental de una sociedad civilizada, como es el sistema educativo y de enseñanza, en manos de una banda de elementos que, por ausencia de contraste económico inmediato, pueden permitirse el lujo de seguir ideologizados hasta la médula (a diferencia de los que gestionan “cosas de comer”, que suelen recibir, periódicamente, correctivos importantes), haciendo experimentos con nuestra juventud. Desterrados de todo ámbito “serio”, a estos sesentayochistas retardados sólo les queda, nada menos, la educación (también “la cultura”).

Que unos jóvenes se dediquen a solucionar sus cuitas a mamporros o a navajazos es el resultado más normal de la demolición de la noción de autoridad. ¿Quién, en sus cabales, va a pedir el amparo de unos señores, pretendidamente superiores, que no respeta? Si el policía es un payaso de uniforme, cuando tienes problemas, mejor tiras de cuchillo, claro. La Consejera pedía, como es lógico, el apoyo de los padres. Pero los padres tienen derecho a exigir, por su parte, que en la escuela se aplique, al menos, el mismo sistema de valores que en el resto del mundo. De poco sirve que los padres enseñen a los hijos que, en caso de que se encuentren acosados, deben acudir a las instancias que están ahí para protegerlos si, después, el centro al que van es una especie de célula autogestionaria carente de jerarquías en el que llevar navajas es una “expresión cultural” y en el que los que se expresan no reciben castigo alguno.

Ya conocemos el caso de dos muchachos que han terminado quitándose la vida porque ir al colegio era como ir a la selva. Quizá es que sus formas de “expresión cultural” eran menos rotundas que las de las otras tribus o, simplemente, que eran la especie débil y, por tanto, lo que ocurrió es lamentable, pero comprensible. O quizá es que algún director, jefe de estudios y, por qué no, padre de acosador –ya que la ley del menor ha hecho completamente impunes los delitos cometidos por quienes, sin embargo, pueden tener relaciones sexuales, conducir ciclomotores, celebrar contratos e incluso abortar sin permiso de nadie (eso se llama “adquisición progresiva de la mayoría de edad”, por cierto – algo muy razonable si se aplicara en todos lo ámbitos, porque no es lo mismo tener 8 que 17)- debería empezar a responder por negligencia, por culpa o, lisa y llanamente verse expuesto, sin tapujos, a las consecuencias de lo que predica.

La ministra hará muy bien en buscar dineros, que falta harán. Pero que piense, también, en recomponer el sistema para que la gente entienda que las navajas sólo deben usarse para cortar queso.

4 Comments:

  • Claro que el factor inmigrante no es fundamental pero en el caso de Berga las victimas no eran inmigrantes y en L'hospitalet victimas y agresores eran inmigrantes.Solo en estos casos el factor inmigrante no es problema ya que los blancos no son losagresores.En ese caso el factor inmigrante si es muy importante y la noticia se multiplica por 10 en lso medios de comunicacion ya que entonces si podemos hablar de extrema derecha,nazismo,brotes xenofobos etc

    By Anonymous Anónimo, at 12:49 p. m.  

  • He defendido activamente en este foro lo que defines como "nueva idea-motor de la progresía", consistente en que "el modelo educativo diseñado por la Logse ha fracasado, esencialmente, por falta de medios – cicateramente racionados por la derecha, por supuesto". O, más bien, he defendido algo que se parece remotamente a esa variación "ad ususm adversarii", así que procedo a precisar.
    No es que la derecha haya racaneado a la hora de invertir en educación o que haya orientado de otro modo sus prioridades de gasto. Ya sabemos que para estas cosas todo el dinero es poco y demás mantras de recitado obligatorio. Lo que yo sostengo es que la derecha puso en marcha durante sus ocho años de gobierno una estrategia activa de desinversión educativa cuyo objetivo principal no era sabotear la Logse sino condenar a la irrelevancia –si no a la desaparición a medio plazo– al sistema público de enseñanza en España.

    Insisto: la Logse no es el problema. Que alguien me enseñe el artículo o disposición según el cual no se podrán tomarse medidas contra alumnos que observen comportamientos criminales o lleven navajas a clase. El problema es de fondo y, como en tantos otros, sería conveniente sustraerlo a controversias ideológicas de bajo vuelo porque nos jugamos mucho. Es cierto que las actitudes pedagógicas antiautoritarias han tenido como efecto colateral un cierto desarme moral para enfrentarse a actitudes intolerables en las aulas que no existían o eran casi inapreciables décadas atrás, entre otras cosas porque los niños procedentes de medios sociales degradados o marginales ni siquiera accedían al sistema de enseñanza. Ese es un problema real y, repito, de fondo, que nada tiene que ver con la Logse. Entre los docentes "progres" la conciencia de ese hecho está muy extendida, y encontrar vías de reforzamiento de los conceptos de disciplina y responsabilidad personal debería ser uno de esos objetivos de reflexión transversal a que me refería antes, en lugar de dar por zanjado el asunto con las consabidas letanías sobre la estupidez congénita de la izquierda y otras mandangas de ese porte. Si la respuesta más elaborada que podemos dar a esa situación es añorar las orejas de burro, los palmetazos y el "de rodillas mirando a la pared" (o instrumentar torticeramente la simple expulsión a las afueras del sistema de los alumnos "difíciles") habremos hecho uno de esos viajes para los que las alforjas están de más.

    By Anonymous Pepe, at 7:27 p. m.  

  • Amigo Pepe,

    Sabía que acudirías a la mención de la educación como las moscas a la miel. En parte por la muy justificada preocupación que, creo que no puedes poner en duda, compartimos todos, y en parte porque se toca "fibra sensible".

    Naturalmente que la Logse no contiene ningún artículo que legitime el uso de la violencia en las aulas. Faltaría más. Tampoco contiene ningún artículo que invite a dejar los libros colgados en casa, ni que faculte a los padres para -como sucedió esta semana- agredr a los directores de instituto si sus niños son molestados. No.

    El problema es que tampoco contiene medio alguno para poder hacer efectivo un principio elemental (y que tampoco se discute expresis verbis, claro): educadores y educandos no están en un mismo plano. Tras un período de autoritarismo injustificado, la ley ha pendulado al extremo contrario, para convertirse en una especie de colección de garantías procesales para jóvenes poco aplicados.

    Nuestros jóvenes no son tontos, claro, y aprenden enseguida lo que les interesa aprender. Saben que la legislación les protege, saben que todo lo que hacen, incluso lo más grave, quedará prácticamente impune. En consecuencia, actúan como actuaríamos la mayoría si no existieran los frenos jurídicos y, sobre todo, morales que nos llevan a respetar la libertad, la seguridad y los bienes ajenos.

    Nadie está propugnando la vuelta a las orejas de burro. Eso es antipedagógico, por supuesto, pero no es en absoluto pedagógico que un cretino ideologizado pretenda justificar que "nuestro modelo quiere ser un reflejo de la sociedad". En la sociedad se apuñala, se roba, se viola y se estafa, y se supone que la escuela está para corregir esos desatinos, no para darles carta de naturaleza.

    Doy por buenas cuantas críticas se quieran hacer al gobierno anterior o a la política educativa de la derecha -que tampoco tengo mayor interés en defender, por otra parte- con tal de escuchar un mínimo de autocrítica, la admisión de un mínimo de responsabilidad en este desastre. La payasa que atiende por consejera de Gobernación del tripartito catalán dice que los padres tienen que explicar a los hijos que, en nuestro país, "no es tradición" llevar navaja -¿qué tal si les recuerdan que, además, es ilegal?, ¿qué tal si les dice que, además, agredir a navajazos es profundamente inmoral?, ¿qué tal si les recuerdan que la violencia gratuita no es el medio óptimo para solucionar conflictos cuando caben alternativas (claro, que cabe cuestionarse que quepan alternativas con tales especímenes entre la gente que, supuestamente, se encarga de que las reglas se cumplan?)-. ¿Cabe esperar algo positivo de semejante nivel de cretinismo?

    Por desgracia, la experiencia demuestra que es más fácil que llueva hacia arriba que un progre diga, "sí, me equivoqué, eso que dije es una estupidez". Alguna responsabilidad deben tener, ¿no? ¿O es que estos campeones de la tolerancia son, además, perfectos?

    No se trata, por otra parte, de que la gente se dé golpes de pecho por el capricho de verlo. Se trata de que, mientras se mantengan ciertas ideas, no hay solución posible. Mientras capullos como el jefe de estudios del Instituto de L'Hospitalet sigan desempeñando puestos de relevancia en la estructura educativa (y, recordemos, un jefe de estudios es alguien en un instituto), no hay nada que hacer.

    By Blogger FMH, at 11:08 a. m.  

  • No conozco los hechos de Hospitalet ni he leído las declaraciones de los implicados, por eso no mencioné el asunto, que parece más materia de código penal que de ordenación educativa. Claro que hay una responsabilidad "progre" en todo esto, y en mi comentario decía explícitamente que el profesorado que defendió –y sigue defendiendo, faltaría más– posicines pedagógicas antiautoritarias es, en general, consciente de los efectos colaterales a que me refería y, por tanto, de la necesidad de tomar medidas. La idiotez está más o menos uniformemente repartida y no hay gremio ni sector político que se libre de ella; lo que sí creo que hay es mejor disposición intelectual a la revisión crítica de las propias posiciones a la luz de la evolución de los hechos en la izquierda que en la derecha, véanse los textos que sobre estos temas producen, por ejemplo, Fernando Savater o Antonio Muñoz Molina, o, en un plano más especialista, los de Álvaro Marchesi, que fue uno de los padres de la Logse.

    Una vez más insisto en que la Logse tiene poco que ver con eso. Otra cosa es cómo está regulada la responsabilidad penal del menor, asunto ajeno a la legislación educativa y en el que estoy, en general, de acuerdo con lo que sostienes. Nos encontramos ante retos nuevos y es necesario afrontarlos sin prejuicios.

    By Anonymous Pepe, at 4:25 p. m.  

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