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lunes, mayo 23, 2005

MÁS SOBRE EL FEDERALISMO

Hoy es el ministro Montilla el que emplea la dichosa palabreja. “Federal”. Afirma que el modelo socialista es federal. No lo afirma de manera rotunda, claro, emplea sustitutivos cercanos marca de la casa (confusión de confusiones) como “federalizante” o cosa por el estilo. Esa ambigüedad, llegado el caso, permitiría darse la vuelta, negarlo, decir lo que convenga, en definitiva. En la Tercera de ABC, supongo que es coincidencia, Jiménez de Parga vuelve a recordar lo que dice la Constitución, todavía: que nuestro estado es complejo, no compuesto.

Lo siento por Jiménez de Parga y por unos cuantos más. En efecto, ese es el modelo. Porque ese es el modelo que quiere el nacionalismo (otra estación intermedia, claro) y, sobre todo, ya lo ha decretado Cebrián desde El País, como decretó la muerte de la alternativa constitucionalista en el País Vasco y otras tantas cosas.

No me cabe duda de que las palabras de Montilla serán contradichas una y mil veces por las “voces discordantes”, en esa especie de nadar y guardar la ropa que caracteriza al socialismo gobernante. Cualquier concepto, cualquier idea, es presentada en forma de globo-sonda. Se consigue así, a un tiempo, que estén contentos el votante catalán y el castellano-manchego. Pero, esta vez, no es un globo sonda. De hecho, sólo introduciendo este concepto federal- (¿”-ista”?, ¿”-ante”?, “-al” en cualquier caso) cabe hallar cierta lógica en los planteamientos territoriales del zapaterismo. No mucha, pero alguno (recordatorio: pedirle a Cebrián que sea más explícito).

Nada hay que objetar, por supuesto, a que el partido en el Gobierno o cualquiera tenga un modelo de estado de corte federal, o federal a secas. Ellos sabrán. El problema estriba, una vez más, en la forma de presentarlo. En la manera goebbelsiana de ir colando la idea en el debate, de rondón y sin que se note. Negándolo todo. ¿Dónde está la gracia de que los demás, cual cónyuge mosqueado, vayamos encontrando indicios de la infidelidad, mientras el otro nos dice que vemos visiones? ¿habrá un momento en que se descubra el pastel? ¿A qué viene insistir en que no hay debate constituyente, en que los cambios constitucionales se van a limitar a lo del niño de Leti y poco más?

Viene, claro, a que hay mucha, mucha gente que no está dispuesta a tragarse eso tal cual viene. Mucha gente que está más que harta y que, si se le preguntara si cree necesario dar un paso más hacia ninguna parte –porque mucha gente está convencida de que, al final del camino, en todo caso nos espera el mismo nacionalista permanentemente insatisfecho que, como mucho dentro de otros 25 años, dirá que o ponemos escuelas de sardana hasta en Córdoba o rompe la baraja- dirá, cabalmente, que no. Que ya se ha puesto bastante dinero y bastantes ilusiones.

Por eso, el socialnacionalismo (el cuerpo me pide cambiar el orden de los términos, pero lo que sale me parece en exceso cruel) tiene que hacer otra exhibición en ese arte en el que son maestros consumados: el de llevar a la gente donde no quiere ir. Y se les da un rato bien. Paco Vázquez, Pepe Bono y Manolo Chaves, por no hablar de nuestro lenguaraz amigo el presidente de Extremadura (se te va toda la fuerza por la boca, Juan Carlos...) se encargarán de conducir a la grey, mansamente, a la que vota a los buenos, a los decentes, a la gente que no es derechas, en definitiva, donde quiere Cebrián –que ese sí que es de derechas, casi tanto como su patrón-.

En cuanto a Jiménez de Parga y otra gente, pues sólo cabe aconsejarles que vuelvan a sus libros. Es una pena. Son sabios, saben muchas cosas, pero aún no han conseguido darse cuenta de cómo funciona este país.

Jiménez de Parga y otros constitucionalistas resultan un tanto patéticos (en mi modestia, me incluyo en lo del patetismo –no como constitucionalista, claro, pero sí como vocero de algunos de ellos-). A las artes de Cebrián, a las “ansias infinitas” de lo que sea, oponen la exégesis del texto constitucional, Kelsen y compañía, la ciencia política y la historia. Oponen la razón, en definitiva. Con el debido respeto, van ustedes de culo, profesores.

Se lamenta hoy Jiménez de que España no tenga un himno cantable. Por ahí empieza a entender el profesor. Algunos ya lo intuyeron. La gente de Basta Ya, por ejemplo, se dio cuenta hace rato de que es muy fastidiado, frente a la torrentera de demagogia nacionalista oponer razón, reflexión y libertades, Constitución, en definitiva.

Daremos la batalla que podamos pero, personalmente, me doy por j... No hay igualdad de armas, ni mucho menos.

1 Comments:

  • En efecto, no hay un himno cantable. De hecho, no hay un himno propiamente dicho. (Por cierto, creo que una de las pocas causas que me sacarían de mi pereza asociativa sería una sociedad para promover la restauración del Himno de Riego, una hermosa y conmovedora pieza patriótica y liberal en el pleno y noble sentido de la palabra, como himno nacional). Sería interesante que le dieras algunas vueltas a ese asunto anecdótico pero significativo. Por eso, entre otras razones, la opción federal o federalizante no es un mal camino para nuestro Estado de las Autonomías. Es probable que, como ya ha ocurrido desde el 78 hasta aquí, quienes le sacaran más partido al modelo acabaran siendo las comunidades "no históricas", por utilizar un término tan absurdo como expresivo (y no es casual la coincidencia). El jacobinismo español siempre vergonzante (no sé por qué quienes mantienen esa postura perfectamente legítima huyen del término como de la lepra; te honra el que seas franco al respecto, pero eres el único que conozco) yerra el tiro. Lo fundamental es combatir políticamente al nacionalismo, minar su hegemonía en Cataluña y el País Vasco, y nuestros jacobinos, los más razonables y los más delirantes, que de todo hay en la viña del señor, han elegido para ello la reanimación del espantajo de un nacionalismo español, perfectamente inservible y tan poco jacobino, en el sentido tradicional hoy arrumbado del término. De hecho, uno de los muchos efectos consternantes de los nacionalismos periféricos es ese remonte del rescoldo igualmente reaccionario de la España eterna, de modo análogo a como el terrorismo tiende, de manera perversa, a contribuir a la disolución de los anticuerpos democráticos en muchos de quienes pretenden combatirlo. Ya sé que cualquier fórmula por la que se opte no saciará la ansiosa estupidez de los nacionalistas, pero tiene muchas posibilidades de proporcionar un mejor territorio para su desarme, su reducción a la irrelevancia testimonial. El modelo tal como hoy lo conocemos está condenado, como le dijo Dahrendorf a Cebrián según cuenta éste en el artículo a que te refieres, a la negociación permanente, y ese el mejor terreno imaginable para la fatigosa voracidad victimista de todos los lehendakaris habidos y por haber.

    By Anonymous Pepe, at 7:12 p. m.  

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