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viernes, mayo 13, 2005

ECOS DEL DEBATE (2)

Algún medio de comunicación ha argumentado que, no obstante la dureza con la que se empleó Rajoy, quien más puso a ZP contra las cuerdas en el debate fue el representante de Ezquerra Republicana. Y es que nunca fue más cierto eso de que de los amigos me guarde Dios... sobre todo cuando le dan a uno la bienvenida al club de Perpiñán.

La intervención de Puigcercós fue demoledora, porque no pudo hacer patentes más contradicciones en los planteamientos del señor Presidente del Gobierno, que le escuchaba desde su escaño, algo cariacontecido (supongo que por lo avanzado de la hora a la que se dirigía al Pleno el portavoz de los camisas pardas –a la sazón de negro, color también muy posmo para camisas-). O se está con la Constitución española, o se está con Puigcercós. Tertius non datur. El problema es que, toda vez que el señor Presidente ha dicho que sólo piensa proponer cambios constitucionales menores pero se lleva a partir un piñón con la gente del diputado Puigcercós, está en una tierra de nadie impropia de un gobernante responsable. No sé si decir esto es catastrofismo, pero...

El portavoz de Esquerra fue claro: si su grupo aparca, por el momento, sus aspiraciones independentistas –nunca negadas, por cierto, en un ejercicio de transparencia que les honra- es porque está contento con el proceso, materialmente constituyente, que está abierto en España. Me gustó la claridad de la intervención del dirigente catalán. Al menos, las cosas por su nombre. Él aspira, supongo que con fundamento, a multitud de cosas que no caben en el Texto del 78. Luego, entiendo, supondrá que en algún momento ese Texto habrá de modificarse. Y se le ve ufano, la verdad, como quien aún no tiene el dinero en el bote (lo digo sin ánimo de ironizar sobre sus propias palabras), pero tiene un pagaré extendido por persona solvente.

Puigcercós habló, a las claras, de estado federal. Y dijo, muy bien dicho, que el estado autonómico puede parecer cercano al federal, pero que está muy lejos de él. Insisto, tiene toda la razón. El estado autonómico español, en su status actual, es técnica y funcionalmente federal (no lo digo yo, lo dice, entre otros, Álvaro Rodríguez-Bereijo), pero está a un mundo de distancia de un estado federal en el terreno de los conceptos. Máxime cuando –y perdóneseme el purismo- el Sr. Puigcercós, como casi todos los nacionalistas, no se refiere en puridad a soluciones federales sino, más bien, confederales (más al retorno al Reino de los Austrias que a los Estados Unidos o la Alemania contemporáneos). Estamos a un mundo de distancia porque el estado español del 78 es un estado unitario descentralizado, política y administrativamente, no un estado formado por agregación de subunidades. No es un estado nacido de pacto, sino del ejercicio de la soberanía por el único que la ostenta: el pueblo español sin ningún tipo de instancia intermedia.

Se agradece, insisto, a Puigcercós que se refiriera a las cosas por su nombre. Que dijera, a las claras, que pretende un acuerdo constituyente nuevo. En la medida en que el socialismo no hace explícita su postura, ¿puede dejarse por mentiroso a Rajoy cuando dijo que el consenso del 78 ya no existe? Porque que ERC piense de manera diferente –y no se me ofenda nadie- no invalida los consensos, pero que lo haga el PSOE, sí.

Es que hablamos de eso. Hablamos de los acuerdos básicos de convivencia entre los españoles. Algo que resulta especialmente irritante de este nuevo socialismo es su entusiasmo por una democracia meramente procedimental, la forma en la que presentan los problemas como si fuesen una mera colección de palabras, como si por arte de birlibirloque legislativo, todo pudiera existir, todo pudiera ser. Autonómico, federal, unitario, confederal... ¿qué más da? Pues no, no da igual. Basta ya de pretender que se puede satisfacer a todo el mundo a un tiempo. Basta ya de pretender que la Constitución es una serie de artículos yuxtapuestos, que pueden tocarse unos con independencia de otros. Basta ya de engañar, de proponer la luna.

Todo es discutible, por supuesto, a condición de que se haga con los mínimos necesarios de transparencia. No es admisible este continuo funambulismo. La organización del estado existe en función de unos determinados acuerdos previos y unos consensos básicos. Basta ya de pretender que se está con los consensos si se pretenden, al tiempo, reformas que no se cohonestan con ellos.

El Sr. Puigcercós no quiere, por ejemplo, que el Tribunal Supremo tenga jurisdicción en Cataluña. Pero esto es porque el Sr. Puigcercós no cree, ni mucho menos, que España sea una nación ni, por tanto, la igualdad jurídica de los españoles deba prevalecer sobre el derecho de la nación catalana a un poder judicial propio. Su propuesta es coherente con su orden de prioridades en materia de valores. Pero es que el Sr. Puigcercós nunca ha dicho que él esté con el consenso.

Por el contrario, el Partido Socialista insiste en pretenderlo. Insiste en la contradicción. Cuando Maragall propone lo mismo que Puigcercós, ¿acaso no es más lógico pensar que comparte con él el mismo enfoque de las cosas, más que creer que dice lo que dice llevado por su amor por España? Pues esto último es lo que pretende el Sr. Presidente del Gobierno que creamos.

Y es que, al cabo, en España puede uno situarse fuera de la “centralidad”, ser un reaccionario, un troglodita, un centralista furibundo... por creer en el principio de tercio excluso.

1 Comments:

  • Supongo que gracias a la LOGSE y otros aciertos, se han perdido las formas. Sin embargo, las palabras son muy importantes y el rigor es necesario en política. Sobre este mismo tema un artículo en Libertad Digital de Vilas Nogueiras: http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_24927.html
    UN saludo

    By Anonymous Anónimo, at 9:00 p. m.  

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