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domingo, abril 24, 2005

MARATÓN EN MADRID

Esta mañana, los habitantes de la sufrida Villa y Corte nos hemos encontrado que, a las incomodidades habituales generadas por las obras –ir del trabajo a casa o viceversa nunca es una rutina monótona en Madrid, porque nuestros munícipes se encargan de que el recorrido viable sea siempre una sorpresa- el maratón popular. Como consecuencia, trayectos de quince minutos requerían una hora. La verdad es que el keniano de turno que gana la prueba no supone mayores inconvenientes, porque corre los cuarenta y pico kilómetros en menos de lo que los madrileños se desperezan. El problema es que el asunto no acaba hasta que cruza la meta el último aficionado, dueño de las calles por un día.

Se dirá que, al fin y al cabo, es un domingo al año. Pero si contamos todos los domingos que se celebra algo –maratón, orgullo gay, fiesta de la bicicleta...- y añadimos las operaciones planificadas por el ayuntamiento para demostrar que una ciudad de cinco millones de habitantes puede ser tan bucólica como un pueblo alpino (corte de la Gran Vía porque sí, por ejemplo), llegamos a la conclusión de que estas cosas no son, ni mucho menos, excepcionales.

Mientras buscaba una forma de girar hacia el norte en mi coche –maniobra ardua- pensaba que, al fin y al cabo, alguien ha llegado a la conclusión de que las ciudades grandes no tienen sentido o, simplemente, son poco atractivas y está dispuesto a hacernos la vida imposible hasta que “los michelines” abandonemos el terreno. Los michelines somos esos ciudadanos poco activos, no concienciados y no adscritos a ninguna minoría. Nuestra función básica en esta colmena es proveer recursos. Pagamos impuestos, eso sí, pero sólo usamos las calles para su muy primaria función de ir de un sitio a otro. Cuando hacemos deporte, empleamos los parques u otros lugares, y no solemos “expresarnos” en la calzada. Los domingos por la mañana, nos limitamos a comprar los periódicos y, en todo caso, coger el coche para ir a algún recado, en la absurda suposición de que, al menos el domingo, uno puede usar su vehículo –en día de diario hay que tener ya muy asumido que lo de la movilidad es un problema.

Sí, así es. Alguien, en algún sitio, ha decidido que no existimos o, al menos, que no llevamos una existencia políticamente relevante. Ya no somos el “mainstream” de la sociedad. Somos sólo su tanque de combustible financiero. Así pues, que nos den. El domingo que viene... teatro en la calle, por ejemplo.

2 Comments:

  • Querido amigo: el sábado, el sábado sí que fue bueno. Uno está advertido, y normalmente procura no coger el coche los domingos, pero nada pronosticaba que el sábado también fuese un infierno circulatorio. Y es que los preparativos para que trece mil gilipollas en calzoncillos se dediquen un día al año a darse una carrerita comenzaron el sábado. Todo Madrid atascado. Dos horas para trayectos que normalmente duran quince minutos. ¿Es que no pueden hacer ejercicio en algún lugar específicamente pensado para tal? Yo, cuando quiero ver la televisión, no voy a la puerta de sus casas, corto sus calles y me instalo en su portal. Me dedico a mis cosas y les dejo vivir. No sé por qué ellos no pueden hacer lo mismo conmigo. Y eso sin mencionar la proverbial amabilidad, cortesía y educación de la policía municipal y los agentes de movilidad. Una vez me atracaron en el metro y me trataron mejor. La impunidad con que esos palurdos con porra se dirigen a uno a gritos, los aires de chulo de putas con que miran al que se despista un segundo en un semáforo son, además de desagradables, un insulto al que les paga, esto es, el ciudadano. En fin, una mierda. Y cada vez la cosa pinta peor con este peronista que tenemos en la Plaza de la Villa.

    By Anonymous alva, at 12:26 p. m.  

  • Completamente de acuerdo, Alva. Afortunadamente, el sábado sólo salí a pie.

    En efecto, los derechos de los demás no parecen ser un límite para nadie.

    En cuanto a lo de la policía municipal, honrosas excepciones aparte, convengo en el análisis. Es lo que pasa cuando se convierte al tradicional urbano en robocop y se encarga su función más tradicional -la ordenación del tráfico- a unos indocumentados a los que ya he visto a punto de provocar alguna desgracia (nuestros "agentes de movilidad"). Cómo se echa de menos a los del orinal en la cabeza.

    Y, sí, del peronio este no cabe esperar mucho más, salvo cursilería a raudales y expolio sin medida de los caudales públicos.

    By Blogger FMH, at 12:55 p. m.  

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