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domingo, octubre 07, 2007

LA RAÍZ DEL PROBLEMA

El diario El País y Jesús Cacho, en El Confidencial, ofrecen hoy dos visiones completamente divergentes de lo que viene sucediendo en España. ¿Episodios anecdóticos amplificados por la irresponsabilidad del PP (inciso: una vez más, la maquinaria de la izquierda trabaja no tanto para comprender la raíz de un problema como, sobre todo, para endosárselo al adversario) o crisis institucional en toda regla? Ciertamente, mucho más lo segundo que lo primero, me temo, pero puede haber matices.

Negar la importancia de lo que está sucediendo es, sencillamente, suicida. Reducir, por ejemplo, la magnitud de los ataques al Rey (otro inciso: sobre si el Rey se ha podido buscar o no parte del deterioro de su posición institucional, también podría hablarse, Cacho lo hace, pero no viene al caso de mi argumentación hoy) a meras algaradas callejeras de grupos minoritarios a los que no conviene dar mayor importancia, amén de constituir una tolerancia inadmisible con el delito, es una ignorancia en extremo irresponsable de los síntomas de una enfermedad que va in crescendo. Ignorancia tanto más absurda porque es precisamente la escasa magnitud que, todavía, muestra el fenómeno, el indicio más claro de que aún podría ser atajable. Pero no, según algunos, debemos seguir sentados tranquilamente en el sofá, esperando a que Cataluña se despeñe por el barranco ibarrechiano, con los consiguientes resultados para todos.

Estamos ante una ofensiva en toda regla contra el marco constitucional del 78, y por tanto contra la nación española en tanto que trasunto material de ese marco. Bien es cierto que, como bien dice el diario independiente de la mañana, tal ofensiva tiene ribetes minoritarios en algún territorio y, sobre todo, no es una ofensiva coordinada. Es verdad que “el nacionalismo” no está atacando, en tanto que meter unas cosas y otras en el mismo saco no es una buena pauta de análisis. Ocurre, sin embargo –y esto es lo que El País, oportunamente, calla- que la preocupación no reside en las habilidades o la coordinación del equipo atacante. Lo que falla aquí es la deserción del portero.

Que España tiene problemas objetivos es indudable. Problemas que, con toda probabilidad, han escalado ya a un nivel que exigirá cirugía institucional. Cambios constitucionales y de la ley electoral. Pero nada de esto es dramático, o no tendría por qué serlo. No pretendo quitar hierro al asunto, ni tampoco afirmo que sea fácil (no voy a engañar, hay mañanas que me levanto viéndolo imposible), pero creo firmemente que un gobierno de gran coalición PP-PSOE, en apenas dos años –esto es, en una legislatura dedicada en exclusiva a ello y abortada tan pronto fuera posible el retorno a la alternancia- lograría enderezar el rumbo sin excesivas dificultades. Creo firmemente, además, que es posible o, cuando menos, que en ambos partidos hay personas con la cabeza sobre los hombros y capacidad para conducir ese proyecto. Casi con seguridad, esas personas no son las mismas que ocuparían la primera línea en tiempos menos revueltos, pero están y son. Sólo hay que llamarles.

El problema se llama, claro, José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que la izquierda española no quiere ver es que ha sentado la clave de bóveda de las dificultades en la mismísima Moncloa.

Es muy llamativo como mucha de la gente de izquierda que no escarba en el fondo de la sima de imbecilidad profunda donde parece habitar, por ejemplo, la dirigencia de las Juventudes Socialistas, tiende a buscarse la excusa piadosa de que lo que ocurre es que los grupos minoritarios están despendolados. Y sí, Zapatero ha pecado. Ha pecado de tolerancia con esos grupos. Al pobre lo han llevado donde no quería ir.

Eso, mis queridos amigos a siniestra, es absolutamente falso. Y los más inteligentes de ustedes de sobra lo saben. Es Zapatero quien creó a Carod, no Carod a Zapatero. Es Zapatero quien ha elevado la anécdota a categoría. Zapatero no ha dado un solo paso en una dirección en la que no quisiera ir. Es Zapatero quien se ha autoerigido en padre de una “democracia avanzada” cuando a la vista está que apenas entiende lo que significa la democracia sin apellidos.

Insisto, no pretendo negar el fondo de verdad que hay en la crítica. Es verdad que los grupos minoritarios están, en España, salidos de madre, y que algo habría que hacer respecto a su capacidad para secuestrar la voluntad popular. Pero de ahí a suponer que pueden forzar una crisis institucional media un trecho y un trecho importante. Alguien que afirma que el español es en Cataluña como el turco en Alemania es un pobre idiota, no un peligro público, en general.

No. No es cierto. Nadie ha saltado las barreras de contención del Estado de Derecho y las Instituciones. Sencillamente, alguien las ha hecho caer. Y ese alguien está, teóricamente, en las filas de los defensores, no en las de los atacantes.

¿Crisis institucional? No en acto, sí en potencia y, además, puede reventar a corto plazo. La condición suficiente es que un presidente del gobierno fracasado en todas sus iniciativas fundamentales renueve mandato. A partir de aquí, que cada cual tome sus decisiones.

3 Comments:

  • Yo creia también que un cambio de instituciones arreglaría el asunto. Pero ahora creo que el asunto no es solo un problema institucional. No hay instituciones que libren de la falta de voluntad de unos y la falta de escrúlos de otros.

    Además es un problema que no se reduce a españa, sino a toda Europa, y nace de la voluntad de arrasar con todo el pasado y construir una europa y una españa nueva sin contar con su historia y sus costumbres. En ese sentido, ZP es un alumno aventajado en esa carrera hacia el suicidio colectivo.

    By Blogger Memetic Warrior, at 2:59 p. m.  

  • Por fin alguien se ha dado cuenta de que el problema es europeo.

    En esto "Spain is not different", solo que esta vez, gracias a ZP estamos los primeros de la clase.

    Kantor

    By Anonymous Anónimo, at 4:30 p. m.  

  • Se podria hablar de como es imposible educar a un niño en español en los colegios catalanes y como el PP desestimo presentar un recurso ante el tribunal constitucional(TC) tras el pacto del Majestic que le dio el apoyo de CIU y el poder en 1996.
    Se podria hablar de la falta de independencia del TC y de las salidas de tono de sus vocales o de sus vinculaciones economicas con la Generalitat.
    Pero claro, al hablar de "crisis institucional" nos referimos a que se queman retratos del rey y que hay que pararlo como sea.Metiendo a la gente en la carcel si hace falta.
    Defender a un rey que no dije ni pio cuando se aprobo el Estatut, que dice que "hablado se entiende la gente" y que no dice nada cuando inaugura placas donde se lee "Joan Carles I".
    La unica posibilidad para el rey,como en la "restauracion" o como en la "transicion" es un pacto derecha-izquierda que implica volver a tapar la mierda bajo las alfombras y un retorno al caciquismo modernizado gracias al control de los media y el tabu de la monarquia.

    By Anonymous Anónimo, at 8:08 p. m.  

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