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viernes, agosto 25, 2006

SOLIDARIDAD CON GUSTAVO DE ARÍSTEGUI

Me entero con estupor e indignación, por diferentes medios, de que Gustavo de Arístegui podría estar recibiendo amenazas de muerte procedentes del integrismo islámico. Ojalá sea incierto, pero es, desde luego, verosímil y, en su caso, muy preocupante, por razones obvias.

Arístegui es, con toda probabilidad, uno de los mayores expertos españoles en el mundo islámico que, como es de rigor, siempre ha sabido distinguir entre las múltiples manifestaciones del Islam y, en particular, siempre ha sabido aislar lo que, en el entorno de ella, son elementos indeseables –lo que nunca ha sido es tan cretino como para negar su existencia ni para considerarlos anecdóticos-. No tengo el gusto de conocer al Sr. Arístegui personalmente, pero las notas públicas de su biografía hacen evidente que sus saberes científicos sobre el Islam y el Oriente Próximo se complementan con una cercanía, por trayectoria vital, y un evidente cariño por esas tierras y sus gentes.

Ese conocimiento, y ese cariño, hacen que sus críticas, denuncias y advertencias deban ser siempre valoradas como procedentes de una fuente solvente. Imagino que es, también, lo fundamentado de sus opiniones lo que le hace acreedor al odio de algunos. Quizá él me corrigiera, en el sentido de que debo escribir “especialmente” acreedor, ya que acreedores a ser borrados de la faz de la tierra, como se ha visto sobradamente, somos todos.

Porque sabe de lo que habla, porque es un hombre culto y un hombre serio, Arístegui, podría ser un excelente ministro de Asuntos Exteriores, y quizá por eso está en las antípodas de los planteamientos de la política exterior del gobierno ZP. Los asuntos de Estado representan el terreno en el que un gobierno, poco competente en general, se torna patético.

Con carácter general, la política exterior del dúo ZP-Moratinos (quizá de la terna que forman los dos con León) es incomprensible, a veces absurda y, probablemente, dañosa para los intereses de España. Pero es el proyecto estrella de esa política exterior, la malhadada “alianza de civilizaciones” la que, como se encargó de demostrar Máximo Cajal con sus alucinantes declaraciones sobre Irán y las armas nucleares –que obligaron a una rectificación del Ministerio de Exteriores- le da un tinte vergonzante y de inmoralidad.

En otras ocasiones, algunos ya hemos denunciado que la “alianza de las civilizaciones” representa una traición profunda a los principios inspiradores de nuestro sistema político y jurídico. Es, por añadidura, perfectamente inútil, porque su única aspiración real, que no es otra que la de comprar paz a cambio de renunciar a la justicia (¿les suena?), no tiene visos de convencer a quienes no admiten más transacción que la rendición absoluta. Montada sobre bases totalmente discutibles, cuando no falsas de principio a fin (la teoría del “mar de injusticia”), infantil (los conflictos desaparecen con no quererlos) asentada sobre principios morales sencillamente inadmisibles (el “ansia infinita” de paz – no importa a qué precio), maniquea hasta la náusea (bando de la “paz” frente a bando de la “guerra”) y, por supuesto, insustancial hasta la inutilidad (¿Cuáles son las acciones concretas?, ¿Cuáles los planes reales?, ¿Cuáles las propuestas?), saludada por dictadores y regímenes de dudosa reputación e ignorada como merece por las democracias consolidadas y los sistemas medio decentes, la “alianza” es un índice perfecto del clima moral del zapaterismo.

Leí ayer mismo que, en Irán, se ha retomado con fuerza la bárbara costumbre de la lapidación de mujeres adúlteras (probada o supuestamente), que había remitido durante el período levemente aperturista antes de Amadinehyad.

En países como Irán o como Siria quizá no haya muchos demócratas en el sentido occidental de la palabra, pero sí hay gente que no desea ver perpetuarse autocracias criminales, estén fundadas en las interpretaciones más delirantes del Islam, estén basadas en los renqueantes restos del naufragio del panarabismo. Esa gente necesita ayuda, auxilio, no tipejos de dudosa catadura que vayan por el mundo reconociendo el derecho de sus tiranos a poseer armas nucleares. Necesitan gente que avale sus razones en Occidente. Gustavo de Arístegui es una persona ideal para ello.

Arístegui lo tiene claro. Porque además de conocedor, es decente. Razones todas ellas sobradas para hacerle acreedor a las penas del infierno, como ya se sabe. Raro mundo este, en el que los infiernos parecen el lugar más correcto para estar. Desde luego, el cielo de los buenistas se está poniendo imposible.

2 Comments:

  • Que alguien como Maximo Cajal pueda ser asesor presidencial(recordemos lo que dijo sobre Ceuta y Melilla), solo puede calificarse de alucinante, en cualquier otro pais eso podria provocar hasta la caida del mismo, pero como minimo que el tal asesor fuera apartado a un lado con rapidez...en cambio a este casi parece que tienen ganas de ascenderlo...

    Lo que de verdad me parece tragico es que los que abogan por colaborar con dictaduras criminales sean los pacifistas y democratas, quien no gusta de manejos con esos miserables, belicistas y fascistas...

    Es demencial,y recuerda mucho a lo que paso antes de la 2º guerra mundial...

    By Blogger el lado oscuro, at 11:35 p. m.  

  • Lo de Ceuta y Melilla son cosas que cualquiera con dos ojos de frente ve: si queremos reclamar Gibraltar, lo evidente es que hay que entregar antes Ceuta y Melilla (y probablemente Canarias) a Marruecos.

    Por lo demas, me parece fatal que la gente se meta con Maximo Cajal por las declaraciones que ha hecho, ya que estas en mi opinion reflejan el sentir de los ciudadanos de a pie: no tiene sentido que un pais que ha usado dos veces las bombas atomicas le monte el pollo a un pais que quiere crear armas nucleares.

    Lo que tendriamos que hacer en la UE es invertir mas en bombas nucleares, y asi tendriamos mas 'argumentos' para futuras discusiones con EE.UU.

    By Anonymous Anónimo, at 12:37 a. m.  

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