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lunes, junio 19, 2006

ORGULLOSOS ¿DE SER PASOTAS?

Por fin pasó. Eso es lo que le importa a la clase política catalana, me temo. Lo más indignante de este estatuto es la desvergonzada frivolidad con la que ha sido gestionado, para qué engañarnos. Ahora, a lo que realmente interesa, que es quién será el inquilino del Palacio de San Jaime para los próximos cuatro años, si la especie de comuna de okupas que aún lo habita o quienes se sienten sus dueños por derecho (histórico o divino, que viene a ser lo mismo).

Sobre el referéndum, poco que decir. Poco que no se supiera. Hay gente que se ufana –quien no se consuela es porque no quiere- de que abstención y el no sumen más que el sí. Por supuesto, es un tanto atrevido realizar semejante suma, pero en fin, sí es formalmente cierto lo que se dice de que la ley sale adelante sólo con el apoyo explícito de un tercio de los electores. Los portavoces de la derecha se muestran contentos del pasotismo de los catalanes. Creen que la escasa afluencia a las urnas muestra un claro desdén por ZP y su propuesta. Es posible que así sea pero, ¿es eso razón para estar contentos? ¿Alguien puede creer que el comportamiento de los catalanes fue “sabio”, como ya han destacado los habituales cobistas y los amantes de los lugares comunes?

Personalmente, y toda vez que considero que ese estatuto es una pésima ley y una espada de Damocles que, a partir de ahora, pende sobre nuestras cabezas asegurándonos conflicto para muchos años (quizá no tantos, porque no es descartable que el próximo paso no se haga esperar), todo lo que no sea un “no” rotundo me parece un soberano fracaso. ¿Es para estar orgulloso que un pueblo deje hacer? ¿Es para estar contento que los catalanes, simplemente, se vayan a la playa cuando están en juego tantas cosas? Sólo se me ocurren dos motivaciones aparentemente plausibles para alabar semejante comportamiento, ambas, me temo, erróneas.

La primera es que alguien crea, de veras, que la abstención “envía un mensaje” a la clase política catalana. Mejor dicho, que alguien crea que la clase política catalana va a acusar recibo. No digamos ya el inquilino de la Moncloa. Anoche se prodigaba mucho la frase hecha esta de que los políticos “tendrán que reflexionar”. No estaríamos aquí si tuvieran el más mínimo interés en reflexionar sobre nada. El resultado de ayer no es más que el calco de lo que vienen siendo las sucesivas “victorias” de ZP. Victorias válidas, por supuesto, plenamente legítimas, pero siempre por la mínima. Desde las generales del 2004 hasta el referéndum de ayer, pasando por la consulta, ya olvidada, que nos llevó a ser “los primeros en Europa”, el presidente recibe de las urnas, una tras otra, llamadas a la prudencia.

Llamadas que, sistemáticamente, ignora. Con toda probabilidad, ello le llevará al desastre en el medio plazo y, por supuesto, al país con él. Pero creer de veras que va a “entender el mensaje” es, a estas alturas, un ejercicio del más ingenuo de los voluntarismos.

La segunda de las explicaciones posibles es que los catalanes dejen hacer desde la convicción de que pueden permitirse el lujo porque este estatuto “no va a cambiar nada”. Este es el nuevo mantra. El de que, al fin y al cabo, esto no deja de ser el mismo estatuto de Sau, reescrito de manera más ampulosa y a la progre. Es de suponer que este punto de vista vaya ganando adeptos en los próximos días porque, en efecto, nada va a suceder de aquí a unas horas, y tampoco de aquí a unos meses. Vaya por delante que no deja de ser curioso que el personal esté convencido de que el estatuto ha sido una maniobra lampedusiana y, encima, se sienta aliviado por ello. Teniendo en cuenta que, para sacarlo adelante, ha sido necesario fracturar todos los consensos de la sociedad catalana y aun de la española en su conjunto, lo menos que debería derivarse de semejante conclusión es la indignación más absoluta, pero en fin...

Mas lo cierto es que sí pasa, y pasa mucho. Como mínimo, la consolidación de un paso más en el proceso que –y ya viene durando treinta años- tiene por norte romper, poco a poco, todos los lazos, primero sentimentales, luego jurídicos y políticos, entre los catalanes y sus conciudadanos. Además, ocurre que entra en vigor de un instrumento insensato, cuya generalización –inevitable salvo que se quiera afirmar rotundamente que está viciado de inconstitucionalidad por quebrar el principio de igualdad- conduce al estado español a la inviabilidad por asfixia financiera y al caos competencial. Por último, como hemos comentado en otras ocasiones, y esto es lo peor, sin duda, el enfermizo delirio que los nacionalistas llaman “su pensamiento” se cuela en Cataluña como auténtico sustrato axiológico de la norma fundamental.

Poca atención se ha prestado a esto último, y es lo más grave. Un ejemplo permitirá aclarar lo dicho. Anoche mismo oí de boca de un periodista catalán que se abona a las tesis del “aquí no ha pasado nada” que, por ejemplo, en materia lingüística, nada sucede, puesto que ya existe la ley de normalización que, al cabo, dice lo mismo. Pues bien, nuestro periodista deberá saber que existe un mundo de diferencia entre diseñar una política a través de una ley y elevarla a principio estatuído, nada menos. Multitud de elementos que el nacionalismo ha ido introduciendo, sea por vía de hecho, sea por vía legislativa, han alcanzado acogida en el proceso estatuyente al amparo del “nada cambia”. Sólo por ese hecho, multitud de aberraciones indeseables han quedado protegidas, petrificadas en una norma ultrarrígida (cuya modificación requiere todos los padecimientos que aún no hemos terminado de atravesar). Que Cataluña estaba enferma de nacionalismo de hecho era algo que nadie dudaba. Desde ayer lo está de derecho, y de derecho fundamental, además. Pero de nada sirve insistir, me temo.

Sólo un aspecto positivo veo en lo sucedido ayer. Que, quizá, visto que no hay ningún clamor que lo respalde, el Tribunal Constitucional se vea menos presionado si ha de proceder a anular algún párrafo del texto (de entre los muchos que lo merecerían). Es magra esperanza, las cosas como son, porque si los magistrados del constitucional son sospechosos de algo no es de miedo a las reacciones, sino de obediencias políticas, y estas están ahí, inalteradas por la votación.

Por lo demás, muy mal día, el de ayer. Y lo más triste, ya digo, es que, pasado el examen, ahora empieza lo que de verdad interesa. ¡Menudo negocio has hecho, Cataluña!

6 Comments:

  • El negocio lo hemos hecho los demás, si al menos se fueran a freir espárragos con la independencia...pero van a seguir chupando de la teta de España el tiempo que dure (dos, tres años a lo sumo) y luego independencia.

    By Anonymous davidbm, at 7:28 p. m.  

  • Pidieron al ya difunto e insoportablemente pagado de sí mismo jesuita Miquel Batllorí su parecer sobre la independencia de Cataluña y respondió que sin Valencia Baleares y la "franja" no tenía sentido. A por eso van ahora hijos míos.

    Menos mal que la fiesta "alianzadora" va a empezar, porque de lo contrario lo visto hasta hoy nos parecerían juegos florales. Las imposiciones del Islam aquietarán la prepotencia de unos y otros.

    Los pueblos envejecidos son también los que menos tienen que perder. Con el tiempo, todo este dispendio de energías se verá como una especie de "danza de la muerte" de las Españas. Unos paletos hasta el final.

    By Anonymous naixin, at 10:51 p. m.  

  • Yo también estaba en contra de este estatuto http://auxarmescitoyens.blogspot.com/2006/05/por-qu-me-opongo-este-estatut.html

    Sin embargo, no quería que ayer saliera no. http://auxarmescitoyens.blogspot.com/2006/06/sali-si-tirando-los-dados.html

    Si hubiera salido sí habría sido, efectivamente, una bofetada a la clase política catalana, pero no sabemos una bofetada de quien.

    En francia, salió no a la constitución europea pero fue un voto a la vez europeo-socialista (la izquierda qeu dice que europa es el neoliberalismo) y euroesceptico (la gente de derechas conservadora qeu está en contra de la pérdida de soberanía). La conclusión es que no saben que coño quieren para europa, si quieren otra constitución o si simplemente quieren salir de la unión.

    Si ayer hubiera salido No, realmente, no creo que la gente se lo hubiera tomado como una derrota del nacionalismo, sino más bien como una victoria. Curiosamente, ERC y PP están haciendo las mismas cuentas sobre la invalidez del resultado, aunqeu con fines totalmente distintos: unos no querían ningún estatut, otros querían un estatut mas independentista. Creo que, desde una perspectiva sincera, el número de NOes que arrancó ERC (mal que me pese) son bastante superiores a los que arrancó el PP, y los que arrancó el Ciutadans de Catalunya (la única perspectiva de españa que me convence, la gente del PP que votó no son nacionalistas españoles) totalmente ínfima.

    Por eso, yo prefiero un Sí moderado, esperando que el tribunal constitucional anule o modifique algunas de las disposiciones mas escandalosas y ya está. Creo que, realmente, es la mejor solución.

    By Blogger Citoyen, at 11:55 p. m.  

  • Perdón en el segundo párrafo quise decir "Si no hubiera salido si"

    By Blogger Citoyen, at 11:56 p. m.  

  • El sí o no importa un higo, aquí se juega otra cosa.
    La ruptura de la organización por autonomías lleva a la independencia. La pregunta es ¿Cuánto tiempo? y ¿A quién me llevo conmigo?
    En la política nacionalista no existen los moderados.

    By Anonymous davidbm, at 9:38 a. m.  

  • Habrá que retomar la votación del domingo, con su abstención, para en algún momento justificar lo que ya sabemos:

    A más de la mitad de los catalanes les toca un huevo su relación con el Estado.

    Más de la mitad de los catalanes prefierieron no opinar. Además de las razones que dices, Fer, creo que hay otra que sumará un buen % de abstenciones: La creencia de que el Estatuto no está hecho contra ellos, y que por tanto, o empatan o mejoran, y en consecuencia es mucho más chupidivertido irse a la playa.

    Momentos habrá de recordar que cada cual tiene lo que se merece.

    Un saludo a todos,
    Edmundo.

    By Anonymous Anónimo, at 10:03 a. m.  

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