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miércoles, junio 21, 2006

LA DEUDA DE MARAGALL

Maragall se retira. El Presidente de la Generalitat da cumplimiento, se dice, a lo pactado. Y lo pactado es, parece, que el PSOE-PSC concurra a las elecciones no con el que, también se dice, es su mejor candidato, sino con otro con peores perspectivas. Zapatero, por tanto, rinde plaza y ofrece Cataluña como tributo a un Mas que se erige en gran beneficiario del naufragio del tripartito y del proceso estatuyente. Puede estar contento el ex conseller en cap. Se le devuelve lo que cree que siempre fue suyo y apenas se le exige nada a cambio. No tiene por qué dar ni un gramo más de lealtad. Todo, claro, salvo sorpresa mayúscula.

Ya dije en otra ocasión que la demonización de Maragall me parecía injusta. Se le ha reprochado ser un nacionalista so capa de izquierdoso, ser un niño bonito, vivir desconectado de la realidad. Se ha dicho que por sus desmanes nos vemos en este trance. Que sólo él cree en federalismos asimétricos y Españas plurales, que sólo él cree que puede salir una España reforzada de un estatuto en el que se asumen, sin matices, las bases fundamentales del nacionalismo. Esto es cierto sólo a medias. Maragall ha sido, solamente, un pésimo presidente de la Generalitat. No es poco, pero tampoco es como para cargar sobre sus hombros el peso de la desintegración de todo un estado. Esas cosas tienen otros responsables (pista: el máximo es de León).

Sigo sosteniendo que si algo debe reprochársele a Maragall no es lo que ha hecho (que también) sino, sobre todo, lo que no ha hecho. Una vez más, y quizá, bien pensado, no tenía sentido abrigar ninguna esperanza, la supuesta izquierda ilustrada se revela como lo que es: un inmenso fraude, una gran mentira.

Sólo el PSC de Maragall estaba en condiciones de dar el golpe de timón que Cataluña, y España con ella, por supuesto, necesitaba. Sólo él estaba en condiciones de sacar al Principado del autismo que imponen el nacionalismo y la autocomplacencia a él asociada. De recuperar un discurso moderno, fundamentado en la racionalidad. Eligió justamente lo contrario. Y, en su mutis, deja medio asegurado que lo que él no quiso hacer tampoco lo haga otro. Maragall tiene una deuda, y una deuda inmensa, con Cataluña y con España. Siguiendo su propia terminología, les ha fallado a la “nación” y a la “nación grande” (o, si se prefiere, recordando horas gloriosas: lo que es malo para Cataluña, es malo para España)

Gracias al impulso maragalliano, una vez más, Cataluña opta por profundizar en su ensimismamiento, renunciando a ejercer un papel que, por lógica, por peso y por historia, le correspondería. En esto, el nieto del poeta sigue a aquellos catalanistas de finales del diecinueve que, prestos, denunciaron los males del centralismo y la incapacidad, la incompetencia de “Castilla” –así se decía entonces- para seguir llevando el timón del Estado. Pero hasta ahí llegaron. Se quedaron en la denuncia. Fueron incapaces de contribuir a la construcción de nada. Antes al contrario, aportaron cuanta inestabilidad pudieron y se cebaron con ese cuerpo exangüe, moribundo que, en teoría, pudo recibir de ellos nuevos bríos. Mordaces en la crítica, fueron muy poco diligentes en el aportar ideas.

Ciento y bastantes años después, la historia se repite. La oportunidad que depararon las urnas fue en verdad histórica, porque el nacionalismo convergente parecía ir a perpetuarse para siempre. La ocasión, por primera vez en veintitrés años, de dar al ciudadano lo que le correspondía. De que esa famosa “sociedad civil catalana” –que, a estas alturas, se nos excusará si pensamos que no existe o que carece de los suficientes arrestos para afirmarse- saliera a la palestra.

Pero no. El tripartito no sólo deparó más de lo mismo, más “nación”, más “hacer país”, más cansino nacionalismo, sino que lo ha aderezado con una incompetencia y un nivel de esperpento sin precedentes. Al igual que el inquilino de la Moncloa nos ha hecho añorar a Felipe González, nada menos, el nieto del poeta nos ha obligado a echar en falta al omnipotente Ubú, que se nos hace un dechado de prudencia.

Si, como se prevé, Cataluña vuelve a manos de los de siempre, ya nada cabrá esperar. Es más, lo probable es que, a falta de votos suficientes, termine instalándose una gran coalición. Una inmensa alfombra para esconder la porquería acumulada por unos y por otros. La garantía de que Cataluña no puede esperar una regeneración democrática. El oasis seguirá con sus aguas bien estancadas.

Supongo que muchos catalanes tendrán ya sus aspiraciones reducidas al mínimo. Se conformarán con no hacer el ridículo. Dicen que su gran fracaso es el estatuto. Pero, en realidad, su gran fracaso es no haber librado a Cataluña de sus ataduras. Ni tan siquiera lo ha intentado.

3 Comments:

  • ..."De que esa famosa “sociedad civil catalana” –que, a estas alturas, se nos excusará si pensamos que no existe..."

    La sociedad civil catalana está empezando a asomar: se llaman Ciutadans de Catalunya

    By Anonymous Anónimo, at 12:05 a. m.  

  • La sociedad civil catalana, eso es los ricos y poderosos, efectivamente ya no existe. Hijos de franquistas a contrapelo (los antiguos miembros de la Lliga que se hicieron españolistas solo para huir de la CNT y recuperar sus bienes) se educaron como españoles de buena fe, y son hoy como los españoles de cualquier otra provincia del imperio: mansos, obedientes y prestos siempre a agachar la cerviz ante todo lo que venga de Madrid.

    La presunta podredumbre que segun comentarios interesados hay solo en la politica catalana es un fenomeno bien español y a toda España afecta, como lo demuestra la "segunda oportunidad" que tuvo Esperancita en Madrid o lo que va saliendo en Marbella, donde se ha consentido el crimen organizado durante decenios. La base del problema esta en una ley de partidos que les permite convertirse en mafias, y en un sistema de representatividad, consagrado por la divinizada Constitucion, que solo permite la representacion de quienes pagan las campañas electorales mediante donativos anonimos (y legales). Repito que ese es un problema de toda España, aunque solo se hable, interesadamente, de Cataluña mientras se olvida la mafia inmobiliaria de Madrid, el espectro de Gil y Gil, o las 15,000 causas pendientes por infraccion urbanistica en Levante, faclitado todo por una ley del PP que ha provocado una llamada de atencion de la Comision Europea por los abusos que permite.

    En cuanto a eso del liderazgo en España, pues se lo dire claramente: a los catalanes (no me refiero a los españoles residentes accidentalmente en cataluña, por muchos que sean) no nos interesa liderar España, o no nos interesa mas que liderar Zimbabwe, el Congo o Bolivia. Preferimos mirar hacia el norte, y queremos dejar de estar obligados a desplazarnos 500 KM en direccion a Africa para poder tener voz en Europa. España es toda suya, señores.

    By Anonymous Esceptico, at 7:19 a. m.  

  • Aquí lo que ocurre es que los señoritos del nacionalismo catalán contemporáneo no cree necesitar ya España, su lengua, su mano de obra, sus inversiones y mercados, y reinterpreta su historia, la del movimiento nacionalista y la de la propia Cataluña, para justificar una decisión pragmática.

    A veces sospecho que habrá que dejarlos ir, que llenen su país de musulmanes, que intenten vender en "el norte" y que dén de una vez la medida de sus posibilidades. Controlan los medios de comunicación, los altavoces de cultura. Cada uno se suicida como puede.

    By Anonymous naixin, at 11:52 a. m.  

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