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domingo, febrero 10, 2008

QUE NADIE ABRA LA VENTANA

Por mor del calendario, la autodenominada “gente de la cultura” –que, recordemos, en España es casi sinónimo de gente del cine, cantautores y cantautrices ya algo canosos- lleva toda la semana en el candelero. Primero, por la anual gala de los Goya, acompañada también de las anuales reflexiones poco reflexivas y nada autocríticas sobre cómo le va a nuestro cine, y después por la publicación –nobleza obliga- del consabido manifiesto de apoyo a quien mandan los cánones, nunca mejor dicho, sin excusar lindezas también marca de la casa como la de calificar de “turba” e “imbécil” a quien piensa diferente y vota en consecuencia. Sin duda, ambas cuestiones andan indisolublemente ligadas.

Sobre el cine español está casi todo dicho, por más que el mundo alrededor del mismo se niegue sistemáticamente a acusar recibo. Los espectadores desertan, o simplemente no van, por aquello de que para desertar hay que haber estado antes, el cine no conecta, etc. Frente a esto, se alzan las voces que indican que la crisis afecta al cine en general, que existen notables excepciones –hay películas españolas que sí se ven, y se ven mucho, y no todas del tenor de Mortadelo y Filemón o la Saga de Torrente (auténticos bombazos de cartelera)- y, sobre todo, que al fin y al cabo, el cine es arte y, por tanto, el estado de nuestra cinematografía hay que medirlo con patrones diferentes al monto en taquilla. Por último, y frente a los que acusan al cine de ser un producto de la política de subvenciones, y poco menos que de parasitar el Erario, se objeta que lo mismo ocurre en otros países y que, al fin y al cabo, hay otros muchos sectores también beneficiarios de ayudas públicas.

En punto a la cuestión de “si la gente no va, la culpa es de ellos”, es decir, las salas vacías como síntoma no del fracaso del cineasta sino de la incultura del espectador, hay que decir que es inaceptable desde muchos puntos de vista. El primero, desde luego, que la misma circunstancia, de la que se presume, de que, de vez en cuando, el cine español sí conecta con sus espectadores, sirve para falsar el argumento. Hay películas españolas que, sin cometer el pecado de lesa humanidad de ser “comerciales” son éxitos de crítica y público. ¿Acaso no es posible que las demás no interesen ni a la crítica ni al público?

El cine español, entre otras cosas, merced a su sistema de financiación, es un cine absolutamente desconectado de la sociedad en la que pretende vivir. Precisamente porque es un cine sectario y hecho para sectarios, solo pretende reflejarse a sí mismo. A los cineastas españoles, ni les interesa su público ni les importa un carajo el país en el que viven. Sencillamente, porque “el país en el que viven” es un país dentro del país (también podría haber dicho “El País”, y me anoto un juego facilón de palabras). No, la España contemporánea –contra lo que piensan algunos extranjeros poco avisados- poco o nada tiene que ver con la España almodovariana. Ni la gente anda empeñada en ganar una guerra civil setenta años después, ni por la calle pululan histéricos, seres extravagantes y, en general, la fauna típica de nuestro producto estrella: la comedia de situación en ambiente cutre. Madrid no es solo Chueca, ni ofrece ese monocorde tono progre. Hay de todo, y mucho. Y casi todo está radicalmente excluido, salvo honrosas excepciones, de nuestro cine. El ojo de la cámara permanece ciego a todo lo que sale del intramundo del propio cine. Y, ya digo, la subvención tampoco es ajena a ese proceso. La subvención guetifica al cine, como, en general, la dependencia del poder esclaviza al arte, esclaviza al intelecto.

“Arte”, salió la palabra. Ninguna de mis objeciones, hasta ahora, es válida, porque el cine es arte y, como tal, está fuera de cánones. ¿No refleja la sociedad actual? Bien, ¿y qué? El cine no pretende ser documental. El cine cuenta historias que bien pueden no tener nada que ver con la realidad. El cine no tiene por qué aspirar a ser notario de nada. Touché. Así es. Y llegamos, entonces, a la verdad incómoda. Es que tampoco la calidad artística de nuestro cine es extraordinaria. Será muy políticamente incorrecto decirlo, pero nuestra cinematografía, incluso en sus mejores años, que no son los presentes, está a años luz, a una distancia sideral de las obras maestras del séptimo arte. En todos los planos –de nuevo, salvo singularidades-, desde el trabajo actoral a la dirección, pasando por guiones, etc., hallamos una horrorosa mediocridad. ¿Alguien cree, de veras, que alguna película del cine español contemporáneo merecerá análisis y estudio, más allá de nuestras fronteras, como obra maestra?

“Mediocridad”, desprecio por la excelencia. Acomodo en la medianía. Halago del tuerto en país de ciegos. Lo sobresaliente rara vez se encuentra, porque casi nunca se busca. Por tanto, España y, por tanto, izquierda.

¿Puede extrañar, por tanto, que la caterva que vive de esto apoye a quien es su trasunto en lo político? Más allá de los malos modos, ¿puede ser de otra manera? Todos partimos de la base de que, sin el sistema de ayudas públicas, la “cultura” española –en el sentido restringido de siempre- no sobreviviría. Pero, se dirá, tampoco el PP ha puesto, jamás, en riesgo el maná que cae del presupuesto, ni lo hará, con toda probabilidad, porque la derecha española ha probado reiteradamente que tiene más miedo a la farándula que respeto a sus votantes y contribuyentes. No es solo eso lo que está en juego. Está en juego algo más. Está en juego su propio rol social.

Al postrarse ante el poder, no solo a través de la dependencia económica, sino también de la ideológica, al mostrar esa lealtad perruna al poderoso de su cuerda haga lo que haga, la tropa de los abajofirmantes se caga en su propia función social: la de conciencia de un sistema. El intelectual, para poder ser considerado tal, ha de blasonar de una radical independencia. Si no, claro, muy agradecidos, pero voceros ya tienen los partidos, las iglesias y demás centros de poder. Insisto, muy amables, pero no es lo que esperábamos de ustedes.

No, no es por la subvención. Esta desesperación por proteger a una determinada opción política, incluso recurriendo al insulto crudo a quienes abogan por otra y, por supuesto, excluyendo radicalmente del ámbito propio a quienes piensan distinto es por otra cosa. Es porque jamás haya que afrontar ni de lejos el riesgo de que, un buen día, alguien haga por cambiar el rumbo. No vaya a ser que haya quien, de veras, abra de una puta vez la ventana de este país al aire para que se levante esta pátina de mediocridad absoluta, de egocentrismo rácano y paleto. No vaya a ser que se terminen de una vez esas televisiones públicas que hace ya más de veinte años que son injustificables. Es posible que nos quedemos sin industrias falsas e impostadas, a solas con nuestra verdad, con la realidad de nuestra medianía. Ese día veremos a las claras por qué somos la novena potencia económica del mundo, pero nos sentimos incómodos en el traje. Haremos muchas menos películas, y cerraremos muchas universidades. Pero nuestras películas se verán y a nuestros investigadores se les citará en las publicaciones extranjeras.

Entre tanto, ellos hacen lo que deben. Abogan entusiásticamente por la opción que garantiza que eso no pasará nunca –ojo, no es que la otra garantice lo contrario, claro está-. La opción que hace de la mediocridad bandera y nos lleva con afán por la senda de la indigencia intelectual.

3 Comments:

  • El cine español, en general, es una mierda, pero además como se pasan el día insultandonos, provocan que nos queden menos ganas de ir a ver sus chorradas.

    By Blogger Jorge Castrillejo, at 1:32 p. m.  

  • Estamos desatados. Se nota que llegan las elecciones. Creo que este colectivo está en su derecho de decir y apoyar a quien quiera. Nosotros podemos criticar sus opiniones, apuntar sus motivos,... pero sin calificarlos de una forma tan despreciativa.
    No debemos caer en esa especie de odio al otro que transmiten sus declaraciones. Me parece que en tu discurso hay algo de esto

    By Blogger Peter, at 6:49 p. m.  

  • Amigo Peter

    Ni que decir tiene que puedes leer mi artículo como lo estimes conveniente, pero sí querría hacer alguna matización.

    Sí,llegan las elecciones. Precisamente por ello este colectivo -como bien dices, en su perfecto derecho- salta a la actualidad. Y por eso viene al caso comentarlo.

    Por lo demás, no es mi intención sonar despreciativo. Pero pienso lo que pienso, y creo que lo vengo poniendo de manifiesto desde hace algún tiempo. A diferencia de otros opinadores de uno y otro signo, sí sigo la cultura española razonablemente de cerca, cine incluido. Y me temo que no puedo sino reiterar mi opinión: mediocridad, mediocridad absoluta y, además, ensalzada, ocultada, en especial por una izquierda que hace exactamente lo mismo con el sistema educativo, por ejemplo.

    Creo que esto es, objetivamente, un problema que merece ser denunciado en voz alta. Como bien dijo anoche ZP, proteger nuestra cultura es un signo de patriotismo. Pues bien, no se protege a nuestra cultura desde un proteccionismo pancista y alabando como "creador" a quien no es sino un cantamañanas.

    El calificativo de "creador" reservémoslo para quien lo merezca. En España los hay, desde luego y, en particular, en el cine también. Pero dista de ser la regla mayoritaria.

    Saludos cordiales

    By Blogger FMH, at 9:01 a. m.  

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